Guillermo Hotel

Guillermo Hotel

un in progress by guillermo piro

[ trabajos | botánica | decoración | vuela | holocausto | justicia | muerte | nueva york | inteligencia | laboratorio | alucinación | hombre | voluntad | puntualidad | diez | rasputín | meteorito | risa | búsquedas | cuerda | hijo | findhord | lirismo | caso | política | memoria | piedra | ocupación | iosho | árbol | bajar | infancia | bicho | cenizas | luz | arqueólogo | pesadilla | balde | días | desierto | parkinson | emitonda | perro | bombero | cuisine | tutankamón | experimento | infierno | accidente | mediciones | verdades | reina | máquina | guapo | vestirse | enfermedad | kant | deficiencia | nacimiento | poder | orientación | huevos | traducción | pez | discípulo | autoritaria | profesiones | joyce | injurias | intimidades | secretos | crítico | mujer | negación | signos | autores | mensaje | vajilla | noh | nombres | libreto | colmillo | büchner | mito | caja | etiqueta | animales | causalidad | pensar | girasoles | blancanieves | vida | simulación | autoafirmación | olvídense | villon | voz | guillermo | prólogo | epílogo | polos | marionetas | choreo | ortografía | arroba | libro | religión | hotel | habitaciones | números | hacia | horas | coleccionar | epsilon | galanteo | astrónomo | hablar | vivir | gigante | descubrimiento | superioridad ]
[ wimbledon | la obstrucción oceánica | asakhira | manengumba | patagonian news | resacas | póstumos | la culpa es mía | rayuela fotoblog | suspiria | muzarelax | esporas | collateral beauty | amelita argentina | half an orange | no dominio | biblioteca de babel | de rerum verdura | glipto29 | hotel céline | tiempo de descuento | lyteraria | un hueso para la cena | valley of tears | profana | testaruda potencia | sin hormonas no somos nada | daniel | gattaca | la metamorfosis | teoría del silencio | gran lechón | si tuviera un blog | no hay por qué | clásica maestra | modern life is rubbish | sanbahilandor | inmaculada decepción | ... ]

Acerca de la definitiva superioridad de los norteamericanos

Eric James Torpy, de la ciudad de Oklahoma, fue condenado a 30 años de prisión por haber disparado y asesinado durante un robo. Pero se puso de pie y pidió al jurado 3 años más de condena con estas palabras: "Si tengo que hundirme, quiero hundirme con la camiseta de Larry Bird". Larry Bird es su ídolo de los Celtics, que justamente llevaba en su espalda el número 33. El jurado aceptó el pedido y le subió la condena. Eric estaba feliz como un niño.


Descubrimiento

Científicos alemanes descubrieron que dar de comer a las palomas es síntoma de deficiencia mental.


El gigante de Lucerna

En el año 1577 un enorme esqueleto fue hallado en una excavación cerca de Lucerna, Suiza. Nadie conocía la naturaleza de esos restos gigantescos y se llamó entonces al profesor Felix Plater, famoso anatomista de Basilea, para que los examinara. Después de observarlos Plater les dijo al burgomaestre y a los magistrados que lo que tenían ante sus ojos eran los restos de un gigante antediluviano de 60 metros de altura. El gigante de Lucerna pasó a ser el orgullo de la ciudad y sus huesos se exhibieron en el Ayuntamiento; allí fueron igualmente admirados por los ciudadanos y los visitantes de la ciudad.
En 1718 el académico francés M. Henrion, después de meses de cálculos complicados basados en las cifras de la Biblia, el Talmud y las obras de algunos escritores latinos de época temprana, elaboró una tabla de la notable disminución de la estatura humana desde la creación. El gigante de Lucerna era en realidad el mismísimo Adán, y su estatura habría superado los 60 metros. En su opinión, Eva, pareja adecuada, habría medido 57 metros. Dado que Noé medía 33 metros, Abraham, con 9 metros, y Moisés, con 4,20, habrían parecido enanos a su lado, para no hablar del diminuto Hércules, de sólo 3 metros de altura. El cálculo de la estatura de Adán realizado por M. Henrion era bastante moderado comparado con los de algunos escritores rabínicos de los primeros tiempos, que afirmaban que la cabeza de Adán penetraba en el cielo cuando se erguía y que podía tocar simultáneamente el Polo Norte con una mano y el Sur con la otra. M. Henrion consideraba la inevitable reducción del tamaño de la especie humana como un castigo divino y creía que si esa disminución no hubiera sido más lenta por el firme progreso del cristianismo entre los paganos sus contemporáneos serían tan pequeños como pulgas y toda la Academia Francesa habría podido sesionar en una cajita de rapé.
En 1786 el celebrado naturalista alemán Johann Friedrich Blumenbach aprovechó su visita a Lucerna para examinar el esqueleto de Adán. Para decepción del burgomaestre y los magistrados, Blumenbach declaró que había pertenecido a un mamut.


Cómo vivir de la literatura

En la Argentina, los únicos escritos destinados a que su autor se vuelva verdadera y rápidamente rico son las notas exigiendo un rescate.


Hablar con las plantas

Para ser científico hay que tener vocación e ingenio, se dice; trabajar en un importante centro de investigación, rodeado de un ambiente intelectual rico, estimulante, de vanguardia. La mayor parte de los descubrimientos provienen de estos lugares, donde los verdaderos grandes estudiosos se eligen, se invitan, se intercambian noticias e informaciones, discuten, polemizan. Bien, nada de eso es cierto. Recientemente un importante descubrimiento tuvo como escenario una modesta universidad de Estados Unidos. El profesor de botánica aplicada Richard Hamilton se encontró un día, una tarde, discutiendo con el alumnado acerca de la creencia difundida acerca de que a las plantas, para que crezcan bellas y lozanas, hay que hablarles. Ya se sabe, la creencia de que podemos comunicarnos con las plantas, que reciben la información sensitiva que les enviamos y que por tanto pueden reaccionar ante ella. Para acabar de una vez por todas con las falsas creencias, o para ratificar la existencia de un aparato de percepción sensitiva en las plantas, el profesor Hamilton propuso realizar el siguiente experimento. En el pasillo de entrada de la universidad, bajo idénticas condiciones de luz, humedad y temperatura, hizo poner dos plantas idénticas (begonias en este caso), muy cerca una de la otra, en idénticas macetas, con un cartel que rezaba "Soy linda", en un caso, y "Soy fea" en el otro. Hamilton pidió a sus alumnos (e hizo extensiva la colaboración de todos los asistentes a los cursos en la universidad) que cada vez que pasaran delante de ellas se detuvieran un instante y les hablaran a las plantas respetando la consigna del cartel, es decir, diciéndole de todas las maneras posibles (y en cualquier lengua), a una, que era bella y lozana, y a la otra, que era fea y despreciable. Al cabo de un mes la begonia "bella" lucía extraordinariamente saludable, mientras que la otra se había secado irremediablemente.


El astrónomo Lowitz

    —¿Cuál es su profesión? —preguntó Pugachiov al astrónomo Lowitz.
    —Contar las estrellas —respondió.
Tras lo cual lo colgaron para que pudiera estar más cerca de ellas.


El galanteo entre los humanos

Cuando un macho despliega su brillante plumaje ante una hembra solemos decir que la está cortejando. Esta expresión está muy lejos de ser clara: la idea es obviamente antropológica, al punto que los psiquiatras se han rehusado —y se siguen rehusando todavía— a estudiar las actividades llamadas de “galanteo”. Sin embargo estas extrañas y a menudo grotescas actividades están ahí, desafiándonos para que algunos de nosotros se decidan a explorarlas.
En contraste con la sencillez y claridad de su manera de comportarse cuando se trata de nutrición o de huída, las acciones de galanteo son completamente enigmáticas. Suponemos que las actividades y ostentaciones del macho estimulan a la hembra a la cooperación sexual, pero hasta esta suposición tan elemental tiene que ser probada. Empecemos por revisar experimentalmente la conocida teoría del “releaser”, concepto con el que brevemente se expresa una idea un poco menos breve: la liberación de una tendencia por medio de un estímulo. Según esta teoría el ser humano ha desarrollado órganos especiales cuya única función es la presentación de estímulos específicos. Los “releaser” incluyen movimientos, cantos, giros, discursos, gestos y colores. El llanto de los bebés, según esta teoría, incita a los padres a alimentarlos. Los sonidos y los olores también actúan como “releaser”. En relación a los “releaser” visuales sirve de ejemplo la postura típica que adopta la hembra cuando está dispuesta para la unión, y eso hace que muchas veces un macho en óptimas condiciones sexuales se aparee no sólo con una hembra, sino con dos o tres, o cuatro, o con otro macho, o con dos, o incluso con un muerto, con tal que éste último le sea presentado con la postura típica de la hembra. Un parche de color rojo en la mandíbula inferior de una hembra adulta ha servido asimismo de “releaser” suscitando en el macho la demanda de sexo. Ahora bien: todo naturalista sabe —o debería saber— que este vistoso despliegue hace a sus realizadores vulnerables de ser finalmente atacados por sus enemigos, dependiendo esto del estado civil de la hembra. Por esta razón podría esperarse que los “releaser” se redujeran al mínimo, solamente un destello de color o una corta llamada, seguido de una inmediata reacción de la hembra humana, pero esto no ocurre así. La cooperación de la hembra llega sólo después de dilaciones, ya que el galanteo entre los humanos es, por regla general, un asunto prolongado.
El biólogo inglés F. Darling sugiere como posible explicación que el galanteo es necesario para estimular el desarrollo de los órganos internos indispensables para la fecundación, tales como las gónadas y otras glándulas endocrinas. Nuestro trabajo nos sugiere otra razón, que es la siguiente: que el galanteo sirve no sólo para promover un comportamiento sexual sino también como represor de tendencias contrarias, esto es, la tendencia a la agresión. Cuando por razones que desconocemos esa represión de tendencias contrarias no se manifiesta como tal, el macho humano se mete en problemas; de los que, por lo general, sólo puede salir haciendo acopio de buen humor y desarrollando, con la mayor rapidez posible, los rituales pertinentes a los que, en términos científicos, se les da el nombre de rituales de huida. También esto puede ser cierto, pero la evidencia es aún muy escasa.


Epsilon Eridiani, ida y vuelta

Estadísticamente hablando, los extraterrestres existen, pero las distancias que nos separan de otros planetas son tan enormes que cualquier encuentro cercano es dudoso, por no decir imposible. Considerando que una galaxia contiene, promedio, cien mil millones de estrellas, y que en el universo hay, como mínimo, cien mil millones de galaxias, sería extraño, por no decir imposible, que nuestro planeta fuese el único habitado. Un par de simples multiplicaciones nos ayudará a darnos cuenta. Mientras nos quedemos en nuestro sistema solar no hay muchas esperanzas: los planetas más cercanos al sol son verdaderas bolas de fuego, y los más lejanos son desiertos con temperaturas que en la escala de Kelvin alcanzan el cero absoluto. "La única esperanza es encontrar un extraterrestre gozando de buena salud podría ser trasladándonos a otro sistema solar y encontrar un planeta, más o menos tan grande como el nuestro, que orbite a una distancia tal de su estrella que permita el nacimiento de alguna forma de vida", dice el astrónomo italiano Edoardo Perniola.
Veamos: el planeta más cercano más allá de nuestro sistema solar se encuentra orbitando alrededor de la estrella Epsilon Eridiani, que se encuentra a apenas 10.6 años luz de nosotros. ¿Pero qué quiere decir 10.6 años luz? Quiere decir que la luz de esta estrella, para llegar a nosotros, emplea diez años y medio. Comparemos ahora la distancia de Epsilon Eridiani con la que nos separa de la luna y el sol. La luz de la luna, para llegar a la Tierra, emplea poco más de un segundo, y la del sol ocho minutos y veinte segundos. "Supongamos —dice Perniola— que un día se inventara un teléfono tan potente que nos permitiera hablar con un habitante de Epsilon Eridiani. La conversación sería más o menos como sigue: yo marco el número de teléfono del habitante de Epsilon, después de lo cual espero con paciencia una respuesta con el aparato pegado a la oreja. Pasan 21 años (10.6 de ida y 10.6 de vuelta) y finalmente escucho una vocecita que dice 'Digaaa'. A lo que yo, emocionado, pregunto: '¿Está Pascual?' Otros 21 años de espera y de nuevo la vocecita que dice: 'No, equivocado'. Todo esto para enviar un mensaje al planeta más cercano, y siempre con la hipótesis de que las ondas telefónicas atraviesen el espacio a la velocidad de la luz. Si en cambio hablamos de viajes interplanetarios, teniendo en cuenta que la luz viaja a 300.000 kilómetros por segundo, y que las naves espaciales apenas alcanzan los treinta mil kilómetros por hora, para cubrir una distancia como la que nos separa de Epsilon Eridiani harían falta millones de años. Se me objetará que no podemos conocer el nivel tecnológico alcanzado por los extraterrestres, y que éstos hubiesen podido hacerse hibernar para después despertarse felices y contentos a su llegada a la Tierra. De acuerdo, digo yo, todo es posible, pero lo cierto es que si esto fuese así los alienígenas no se mostrarían sólo a un par de pastores analfabetos para después emprender el viaje de vuelta, sino que como mínimo los veríamos todos los días en el noticiero de las 20 hs."


La mecha capilar

Una importante empresa metalúrgica suiza consiguió fabricar una mecha capilar con punta de diamante. Dado que una mecha de esas dimensiones sólo podía tener uso en el campo de la relojería, enviaron a las diez más importantes fábricas de relojes del mundo una de estas mechas, para que las probaran durante un tiempo determinado y acto seguido la devolvieran o la compraran, como más quisieran. Estas fábricas de relojes estaban diseminadas por el mundo, y una de ellas era la Paketa rusa. Todo esto sucedía antes de la caída del muro de Berlín, cuando el alcance de la tecnología rusa era bastante secreto o al menos estaba rodeado por un halo de misterio (salvo en cuestiones que tenían que ver con la astronáutica, pero incluso en ese campo podría decirse que el mundo ignoraba bastante en qué andaban los rusos). Muchas fábricas hicieron compras formidables de mechas capilares. Ya se sabe: el avance tecnológico puede permitir arribar a lugares insospechados. Era imposible prever, decían los fabricantes de las más afamadas marcas de relojes del mundo, qué nos podrá deparar la llegada de esta mecha capilar, qué nuevas ideas permitirá plasmar, que nuevos avances en el campo de la precisión y la belleza estética.
Los rusos de la Paketa fueron los únicos que devolvieron intacta la mecha. Bueno, en realidad no intacta. La devolvieron atravesada de lado a lado por una mecha más pequeña, más capilar todavía, mecha que ellos habían fabricado hacía seis años y a la que todavía no le habían encontrado una aplicación práctica. De hecho, esa era la primera vez que la usaban.


Coleccionar atormenta

Coleccionar es una pasión que más que dar tranquilidad atormenta. En ese punto se parece mucho a ese estado fanático, entre hipnótico y místico, que se llama "enamoramiento". El coleccionista, alcanzado un cierto grado de compromiso con aquello que acapara, no ve otra cosa que "aquello", no espera otra cosa que toparse con "aquello" y tiñe "aquello", aún contra su voluntad, de propiedades y perfecciones que ningún otro logra ver. El coleccionista, así como el enamorado, "cristaliza", es decir, recubre de diamantes (en cuyo centro, escondido, descansa un corazón de carbón) la rama seca de un abeto que jamás ha florecido, la bijouterie más barata, el tosco y a la vez hermoso cuadrante de un reloj ruso (lo feo puede ser bello, lo lindo jamás, decía Van Gogh). Es por eso que los grandes amantes de la historia (y aquí no debería pensarse en los que han gastado el tiempo de su vida corriendo de cama en cama, cosa que, bien o mal, ha hecho cualquier imbécil en algún momento de su vida, sino en los que han amado contra su voluntad y aún sin saberlo) han sido a la vez grandes coleccionistas. El mismo amor se confunde en el vicio del coleccionista; la historia de la sexualidad está llena de esos ejemplos. Al igual que el coleccionista el enamorado tamiza la realidad con esa lamelle que es el objeto preferido de su interés, y lo ve y lo reconoce en todos lados, sin parar, todo el tiempo. El estupor y la lucidez se alternan, el descubrimiento y la confusión también, la pasión y la acción. La colección, si algo exige, es entusiasmo y obstinación, pero también una cierta dosis de reserva: al que se entrega a ese trabajo se lo ve atrincherado, protegido, y sin embargo está arriesgando continuamente todo lo que sabe y todo lo que tiene, corriendo el peligro de desordenar todo lo que ha acumulado, que todo aquello por lo que se ha desvivido en acumular de un momento a otro pierda sentido, se disuelva en la nada, pase a ser simple mercancía descartable, sin ningún posible sentido que les de uniformidad, valor, peso. Así conviven el fondo y la figura, el deseo de hallar algo nuevo y, al mismo tiempo, una cierta satisfacción disfrazada de fastidio cuando lo nuevo no aparece. La colección lo expone a esforzar notablemente su mirada, ese mal al que se llama tener la vista cansada, expresión con la que se intenta retratar disfrazada una tristeza enigmática e inevitable: la de pensar que algo, cualquier cosa, pueda en cualquier momento apartarlo de su obsesión para siempre, aquello que en otro campo se ha dado en llamar "afanisis", es decir, el miedo a ser privado para siempre del deseo. Ahora bien: esa desconsolada melancolía del estudioso (al igual que la del enamorado) sabe mucho de la esterilidad, pero también de la estupidez. Entonces la etimología del término latino studium se vuelve transparente y comprensible. Su origen se remonta a la raíz st que indica el choque, el shock. Estudiar y estar permanentemente asombrado son, o deberían ser, en ese sentido, parientes: aquel que estudia se encuentra en las mismas condiciones de aquel que ha recibido un golpe y permanece estupefacto frente al que lo ha golpeado, pero al mismo tiempo totalmente impotente para golpearlo a su vez o alejarse corriendo de él. Por lo tanto el estudioso es al mismo tiempo un estúpido, es decir, un enamorado.


Horas extra

Querido papá,
Estoy desesperado. De pronto me di cuenta de que, día a día, estoy desperdiciando mi vida en ocios vanos y ocupaciones no menos vagas que no podré tener en cuenta cuando llegue la hora del redde rationem. Hasta ayer creía que ocho horas de trabajo al día eran muchas, demasiadas; me lamentaba de ser un esclavo condenado a la necesidad de vender mi tiempo para sostenerme económicamente, es decir, la mayor parte del tiempo que me fue concedido para vivir. Hice algunos cálculos para saber cuán desafortunada es mi vida en términos más estrictos, y entonces...
Papá: trabajo cuarenta horas por semana, sábado y domingos libres; gozo de otros doce días feriados, veinte días de vacaciones y duermo siete horas por días. Haciendo la suma encuentro que trabajo setenta y seis días por año, duermo ciento siete, y que los restantes ciento ochenta y dos...
Estoy desesperado. El cincuenta por ciento del tiempo que me quedaba hubiera podido dedicarlo a lo que más me gustaba y, en conclusión, como me parecía que era poco tiempo, no hice nada. O a lo mejor hice algo, pero es mejor que no piense en eso, porque sería la suma de muy pocas cosas multiplicadas por un número demasiado grande.
Haré horas extra en el trabajo. Al menos esas horas me las pagan.
Te quiere cada día más, tu
Alberto


Números amigos

Los números amigos son parejas de números tales que cada uno de ellos es igual a la suma de los divisores del otro. Los pitagóricos hicieron el extraordinario descubrimiento de que 220 y 284 son números amigos. Los divisores de 220 son 1, 2, 4 , 5, 10, 11, 20, 22, 44, 55 y 110, y la suma de ellos es 284. Por otro lado, los divisores de 284 son 1, 2, 3, 71 y 142, y la suma de ellos es 220. Llegó a decirse que la pareja 220 y 284 era el símbolo de la amistad. En la Edad Media se vendían talismanes en los que estaban grabados estos números para despertar el amor. En Arabia se puso en práctica grabar una fruta con el número 220 y otra con el 284, comer la primera y ofrecerle la segunda a una amante a manera de afrodisíaco matemático. Los teólogos observan que en el Génesis Jacob le ofrece 220 cabras a Esaú. Creen que el número de cabras es una expresión del amor de Jacob por Esaú.
No se identificó otra pareja de números amigos hasta 1636, cuando Pierre de Fermat descubrió la pareja 17.296 y 18.416. René Descartes descubrió una tercera pareja: 9.363.584 y 9.437.056. Leonhard Euler elaboró una lista con 62 pares de números amigos.
Curiosamente todos pasaron por alto una pareja de números amigos mucho más pequeña. En 1866 un italiano de dieciséis años, Nicolò Paganini, descubrió la pareja 1.184 y 1.210.


Habitaciones libres

Estimado colega:
La otra noche tuve que enfrentarme con un grave problema. Se lo cuento por si en alguna ocasión se encuentra usted en una situación similar y para que pueda encontrar una solución al instante sin las pérdidas de tiempo que trae consigo la reflexión. Mi hotel estaba lleno cuando llegó un ómnibus con un número infinito de huéspedes. Yo, como es mi costumbre, permanecí impasible, y me froté las manos pensando en un número infinito de dinero que esperaba obtener. Le pedí entonces a cada uno de los huéspedes que se pasara a la habitación que tenía como número el doble del número de la habitación que tenía hasta ese momento. Para que me entienda: el huésped de la habitación 1 se pasó a la habitación 2, el de la habitación 2 se pasó a la 4, el de la 3 a la 6, etcétera, etcétera. Todos los que estaban en el hotel siguen teniendo una habitación, y un número infinito de habitaciones, las que tienen un número impar, están libres ahora para los recién llegados. Con esto queda demostrado que el doble de infinito sigue siendo infinito.
Espero que usted se encuentre bien, así como su amable esposa, de quien conservo un grato recuerdo.
Suyo siempre,
David Hilbert


El hotel de Hilbert

¿Cómo puede llamarse infinito a algo que innegablemente es más pequeño que una cantidad infinita un poco mayor?
David Hilbert creó un ejemplo de infinito comocido como el "hotel de Hilbert", que muestra claramente sus extrañas cualidades. Este hotel hipotético cuenta con el envidiable atributo de tener un número infinito de habitaciones. Un día llega un huésped que se molesta al enterarse de que a pesar del tamaño infinito del hotel todas las habitaciones están ocupadas. Hilbert, el recepcionista, piensa un momento y luego le asegura al recién llegado que le encontrará una habitación desocupada. Les pide entonces a todos los huéspedes del hotel que se pasen a la habitación siguiente, de modo que el huésped de la habitación 1 se pasa a la habitación 2, el de la habitación 2 se pasa a la 3, y así sucesivamente. Todos los que estaban en el hotel siguen teniendo su habitación, lo cual permite al recién llegado alojarse en la habitación 1. Con lo cual queda demostrado que infinito más uno es igual a infinito.


La religión es un juego

Blas Pascal estableció las reglas que rigen todos los juegos de azar y que los apostadores pueden usar para definir las estrategias perfectas para jugar y apostar. Es más, estas reglas tienen aplicaciones en una amplia serie de situaciones, que van de la especulación en el mercado de valores a la estimación de la probabilidad de un accidente nuclear. Pascal incluso estaba convencido de que podía usar sus teorías para justificar la existencia de Dios. Según la ley de Pascal, "el impulso que un apostador siente cuando hace una apuesta es igual a la cantidad que puede ganar multiplicada por la probabilidad de que efectivamente la gane". Argumentó que el premio de la felicidad eterna tiene un valor infinito, y que la probabilidad de entrar al cielo habiendo llevado una vida virtuosa tiene un valor finito. Por lo tanto, de acuerdo con la definición de Pascal, la religión es un juego de emoción infinita y vale la pena jugarlo, porque al multiplicar un premio infinito por una probabilidad finito, el resultado es el infinito.


El libro de agua

Dado que la amenaza nuclear ha dejado de ser perentoria (al menos eso quisiéramos creer), el mayor y más preocupante peligro que corren los libros es el fuego. Es el destino del papel: está hecho para eso. El químico francés Armand Leclerc, para eludir de este modo ese destino, ha presentado en la sociedad científica de su país un libro de agua, mucho menos infinito que su pariente lejano, el libro de arena (que por otra parte es una pura invención literaria), y más perdurable y menos atado a las modas tecnológica que el libro electrónico o e-book. El libro de agua consiste en lábiles páginas de gelatina impresa, cada una de ellas encerrada e inmersa en una "caja" de acrílico llena de agua destilada. Las páginas están "encuadernas" por medio de bisagras de acero. Su peso, naturalmente, depende de la cantidad de páginas, pero un libro corriente, digamos, de 200 páginas, no llega a pesar más de 1 kg., casi nada si se piensa en la capacidad de perdurabilidad del invento. Las marcas en las hojas, el sino del trabajo intelectual ("un intelectual es alguien que lee con un lápiz en la mano", dice el profesor George Steiner), puede realizarse por medio de un resaltador de tinta lavable, especialmente concebido para eso, también por Lecrerc. El libro es inmune al agua. No así a los golpes.


Elogio de la arroba

Si la "a" fuese mayúscula sería el símbolo perfecto de la anarquía. Pero es minúscula, y está rodeada no por un círculo cerrado sino por una especie de espiral, como un gato rodeado por su propia cola que saca la cabeza por debajo de la alfombra. El mismo correo electrónico es una forma de anarquía poderosa pero minúscula, obtenida no por rebelión sino por entropía: una anarquía de carácter felino, que viaja de computadora en computadora y llega a la mesa de trabajo trayendo mensajes de otro mundo, como un gato que sube al escritorio saltando sobre estantes y muebles, con trayectorias que tienen para él un sentido muy claro, pero que a nosotros nos resultan imprevisibles, inverosímiles, imposibles.
Una arroba es una ánfora, es un gato, es un mensaje: los símbolos están hechos así y nosotros nos hemos habituado rápidamente a convivir con esta "a" plácida y desgarbada, difícil de anotar a mano, reproducible en muchos casos gracias a tres teclas, portadora de su propia anarquía minúscula y espiralada, como un gato rodeado por su propia cola que saca la cabeza por debajo de la alfombra.


Ortografía árabe

Es sabido que la ortografía de los nombres propios árabes puede variar considerablemente. Eso se debe a que en árabe sólo se admiten tres vocales y que algunas consonantes no tienen equivalente en otro idioma. Los orientalistas decidieron adaptar una o varias series de signos convencionales para las letras y signos vocales del alfabeto árabe, transcribiendo, por ejemplo, Mahoma por Muhammad, muezzun por mu'edhdhin, o Corán por Qur'an o Kur'an. Ahora bien, este método es útil para quienes conocen suficiente árabe, pero inservibles para los demás, por lo que en las traducciones sigue siendo recomendable escribir siempre las mejores aproximaciones fonéticas de acuerdo con la ortografía de la lengua corriente final. Un mismo lugar puede entonces escribirse de distintas maneras, y esto no sólo porque los sonidos de muchas palabras árabes pueden traducirse de distintos modos, sino también porque los mismos nativos discrepan considerablemente con frecuencia entre sí en lo que respecta a la pronunciación de cualquier lugar que todavía no se ha hecho famoso o no ha quedado fijado por el uso literario (por ejemplo, una localidad próxima a Akaba se llama Abu Lissan, Aba el Lissan o Abu Lissal).
Thomas Edward Lawrence, para demostrar la sandez de los "sistemas científicos" de transcripción lingüística, a la hora de transcribir nombres propios adoptaba cualquier ortografía. Cuando envió a su editor el manuscrito de Los siete pilares de la sabiduría recibió una lista de preguntas formuladas por éste, solicitándole que tuviera a bien anotar las respuestas al margen con el fin de poder corregir las pruebas (los críticos reprochan con frecuencia las faltas de ortografía). Una pregunta decía: "Yeddah y Yidda son usados indistintamente. ¿Es intencionado?". Lawrence respondió: "¡Claro!". Otra decía: "Bir Uaheida, ¿es Bir Uaheidi?". Respuesta: ¿Por qué no? Era el mismo lugar". Otra decía: "Usted dice que Nuri, Emir del Ruwalla, pertenece a la familia principal de Rualla. En la página 23 habla del caballo de Rualla y en la 38 dice que mató a un Rueli. En todas las menciones siguientes escribe Rualla". Lawrence respondió: "Podría haber usado también Ruwala y Ruala". Otra decía: "Yedha, el camello hembra, en la página 40 está escrito Yedhah". Respuesta: "Era un animal espléndido". La última pregunta dice: "En la página 53 usted habla de Meleagro, el poeta inmoral. Lo he corregido por el poeta inmortal, pero acaso usted ha querido decir inmoral". A lo que Lawrence responde: "Sé de la inmoralidad. No puedo decir lo mismo de la inmortalidad. Haga lo que le parezca; de todas formas Meleagro no nos perseguirá por difamación".


Choreo argentino

Tres jóvenes porteños, para mandar cartas, usaban estampillas construidas en casa. Una larga lista de invenciones y burlas a la moral y al Estado. Una, por ejemplo, anuncia el "Bicentenario de la barra brava de Atlanta"; otro, "Primer salón del auto robado"; otro, "Semana del agua podrida en Buenos Aires", hasta llegar a estampilla emitida por el "Choreo argentino", con un retrato a pluma del ex intendente Carlos Grosso.
Todas las estampillas fueron regularmente selladas y la correspondencia llegó a los respectivos destinatarios, incluso en Estados Unidos (la estampilla estaba dedicada a la "Estatua de la pubertad" y en la China. Ahora el Correo Argentino amenaza con una denuncia por estafa a los tres responsables: Juan Alberto Sabatino, Mauricio De Fazio y Sergio Balbi, de 27, 25 y 28 años. Durante un año la burla funcionó, y al menos 200 cartas llegaron a manos de amigos y conocidos.
El juego comenzó cuando Sergio Balbi, ingeniero, se dio cuenta de que su impresora agujereaba el papel con los bordes dentados. Así nació el primer ejemplar, la "Conmemoración de la ducha en el mundo". Pero los tres amigos dieron el gran paso en la primavera de 2002. Estaban de vacaciones, compraron una postal y pegaron la estampilla falsa, descubriendo después que el sobre había llegado a destino. Desde entonces la actividad del trío fue frenética. ¿A Juan Alberto le robaron el auto por segunda vez en seis meses? Ya está listo el boceto del "Segundo robo del auto de Juancho". ¿La Guerra de Irak? Los tres humoristas emiten la estampilla "Sí al uso de armas nucleares en Irak y en Buenos Aires", con la sigla de Recrear Argentina, el partido liderado por López Murphy. Pero a cierto punto Mauricio decidió que había llegado el momento de decirle adiós a todo eso. "Nos divertimos un tiempo —dijo—, pero era demasiado fácil".


Marionetas de la publicidad

El hotel cuatro estrellas Sovietsky de Moscú hace publicidad con el siguiente slogan: "Un día Stalin ordenó: construyan un hotel, sorprendan a Europa". Una empresa de carne enlatada, la Mikoyan, se vanagloria en los envases de ser "la abastecedora del Kremlin desde 1934". Sin duda se trata de síntomas de algo, ¿pero síntomas de qué? ¿Un retorno de la popularidad del gran dictador devenido personaje emergente?
Cuanto más se alejan de nosotros, ciertos personajes pierden su prestigio nefasto, después de lo cual nada se opone a su metamorfosis en simples marionetas publicitarias. En el musical The Producers que se exhibe en Broadway, todas las noches Hitler canta: "Heil Myself, heil for me", rodeado de bellísimas vikingas. Tal vez, dentro de algún tiempo, Bin Laden triunfará en los escenarios rodeado de odaliscas.


Polos bailarines

El polo norte magnético, que en las últimas décadas siguió una trayectoria bastante regular, en los últimos años sufrió una fuerte aceleración, al punto que a fines de 2004 abandonará el territorio canadiense, donde está actualmente, para dirigirse a Rusia. Se calcula que a fines de 2040, después de haber atravesado el Mar Glaciar Ártico, el polo norte tocara suelo siberiano.
Sabemos que el polo norte magnético no coincide con el polo norte geográfico, que es el punto fijo a través del cual pasa el eje de rotación terrestre. El polo norte magnético es el otro, el fiel compañero de los navegantes, el punto hacia el cual apuntan todas las brújulas del planeta, no importa cuántas, cuán sofisticadas o rudimentarias sean, cuán caras o cuán baratas, desde la brújula militar hasta el mero corcho flotando en un plato de aceite.
¿Pero qué es lo que hace que el polo norte sea tan bailarín? Su existencia está ligada a una serie limitada de acontecimientos que tienen lugar en el centro de la Tierra, más precisamente en lo que podríamos llamar la capa "externa" del núcleo terrestre, a 3.000 km. de profundidad. Este núcleo está constituido por hierro líquido, cuyo movimiento produce corrientes eléctricas que a su vez dan origen al campo magnético terrestre, que se puede imaginar como un imán de dos polos. A este paso, dentro de unos pocos cien mil años, el polo norte y el polo sur pueden invertirse. Pero aunque estemos seguros de que ese fenómeno tendrá lugar, no lo estamos tanto en lo relativo a cómo ocurrirá, y sobre todo en lo relativo a qué harán los polos cuando, si deciden trasladarse por el mismo camino, se encuentren.
Una hipótesis dice que los polos migrarán lentamente de un extremo a otro del planeta, emprendiendo el camino por caminos opuestos. Otra, en cambio, estima que los polos bailarines no perderían una oportunidad así para conocerse y que lo harán por el mismo lado. Hay una tercera hipótesis que dice que dicha inversión se realizará de golpe, que no habrá trayecto ni camino ni encuentro ni oportunidad. Dado que en el último siglo la intensidad del campo magnético terrestre disminuyó y en los últimos años se incrementó la velocidad del movimiento del polo norte, hay quien sostiene que estamos próximos a una nueva inversión magnética, que puede ocurrir en cualquier momento, instantáneamente, pero que de todos modos no repercutirá de ningún modo en la vida del hombre. En todo caso, si ello ocurre con algún que otro resultado catastrófico, repercutirá mucho menos que si los polos se detienen un par de siglos a conversar sobre las nulidades a que son tan adeptas los polos.


Epílogo

El presente libro constituye desde la Edad Media un curioso y sorprendente fenómeno de la cultura oral y escrita europea. Considerado infamante y totalmente apócrifo por la mayoría de los historiadores, influidos y condicionados por la ortodoxia escolástica, criticado como banal, transparente y un tanto mediocre por algunos comentaristas actuales de lo que se ha dado en llamar pretenciosamente "política cultural", a través de siglos y movimientos culturales diferenciados e indiferenciados, Guillermo Hotel ha tenido una presencia y una continuidad casi podría decirse obsesivas. Desde su remoto y confuso origen es uno de los más significativos personajes del cristianismo hasta nuestro siglo racionalista, ptolemaico y telemático, ha tenido un atractivo inquietante y ha gozado de constante popularidad. Su autor puede considerarse el desconocido más grande de las letras castellanas de todos los tiempos. El libro consiste en una antología fantástica y heterodoxa de la sabiduría popular, un conjunto de fórmulas de contenido primario interpretables en el sentido que C. Jung atribuía a la alquimia como sistema para proyectar el inconsciente individual en los fenómenos naturales. Obsérvese, por ejemplo, el valor destacado que adquieren en el texto dos "materias" aparentemente antitéticas, el humor y la literatura.
El libro titulado Guillermo Hotel es el resultado de la transformación (por supresión y, sobre todo, por adición) de una serie de manuscritos y ediciones iniciada prácticamente en tiempos de Alberto el Grande. El celo escolástico nos daría una primera explicación de la posible censura y de la negación de la autoría de ciertos escritos de sus autores. Es también posible que autores perseguidos por haber pergeñado algún escrito de carácter mágico aprovecharan, en su subterráneo discurrir, el prestigio del autor del Guillermo Hotel. Así, a partir de algunas de sus obras poco ortodoxas o de sus numerosas traducciones y comentarios de textos griegos y latinos, habría vulgarizado y ampliado su contenido con aportaciones propias más o menos acertadas. La diferencia entre Guillermo Hotel y los usuales libros que aparecen puntualmente los primeros días de cada mes es, quizás, la voluntad de dar recetas escuetas, desprovistas del ritual que frecuentemente las acompañaban en ceremonias más antiguas, que si bien denotan el principio de la autoridad sacra característico de la Edad Moderna y de tiempos anteriores, no plantean una exigencia de credibilidad carismática.
Algunos de los aspectos biográficos y legendarios que rodean a nuestro autor son significativos. Fue un monje dominico, pero quizá el mérito más destacable de su labor, independientemente de la obra a la que nos referimos, fue la de haber sabido rodearse de un numeroso grupo de religiosos que intentaron, con afán enciclopedista, acumular los conocimientos tanto naturales como metafísicos provenientes de la cultura helénica, árabe y orientales, constituyendo lo que se dio en llamar la "escuela experimental de los dominicos de Colonia". Se ha considerado al autor como el eslabón que, en la oscuridad cultural de la Edad Media, engarza con el pensamiento clásico europeo, especialmente el aristotélico.
Según Garmand (Xavier Armand) algunos de los textos son en ocasiones meras traducciones comentadas de Aristóteles, Teofasto, Dioscórides, Galeno, Isidro de Sevilla, Alberto el Grande y Avicena, entre otros. Lo cierto es que además de enciclopedista Armenio Scaciafurlone fue un experimentador nato que verificaba incansablemente los conocimientos documentales, anotaba observaciones del mundo animal y vegetal (en una ocasión, como el lector habrá visto, el autor hace una minuciosa descripción de la vida y costumbres de las ballenas) y realizaba experimentos de alquimia y medicina. Sus aportaciones más sustantivas en el campo de la alquimia se refieren a los metales y las sales; fue él quien designó por primera vez el ácido sulfúrico como vitroleum y se le supone el descubridor del cinabrio, del arsénico y la potasa cáustica.
Se ha escrito que en un convite que dio a Eugenio, conde de Holanda, transformó el invierno en verano, fabulación concebida probablemente a partir de la viva impresión producida en sus huéspedes por un invernadero que había mandado construir. También se cree que fue el que fabricó un androide de bronce del que cada parte del cuerpo estaba sometida a la influencia de un astro y del que se obtenía respuestas por palabras o por signos. Según algunos tenía forma de busto; según otros, era una muñeca de gran belleza que saludaba con la cabeza diciendo: "Nada de lo que vive dura lo suficiente para ser tomado en serio". Cuenta la leyenda que dicha figura fue destruida por un discípulo en un ataque de furor dogmático.
Sor Atarassia


Prólogo

Fue tal la popularidad alcanzada en su época por Dickens que cuando sus obras se publicaron atribuidas a un tal Armenio Scaciafurlone consiguieron el mismo extraordinario éxito.
¿Quién era Armenio Scaciafurlone? Un monje benedictino que adquirió fama de sabio y muy instruido en las ciencias ocultas.
A causa de la fama universal de la que gozó el gran monje se han publicado infinidad de obras atribuidas al mismo, casi tantas como a Dickens, siendo Guillermo Hotel la más buscada entre todas ellas.
Guillermo Hotel no es un libro que contenga nada sobrenatural; es como una catedral sin terminar, un grandioso fracaso, como todos los libros de los hombres modernos, porque en este mundo imperfecto las obras maestras del arte no son más que restos del naufragio de las grandes inteligencias. Ya sabemos que escribir significa saber que no estamos en la Tierra Prometida y que nunca llegaremos a ella, pero continuar tenazmente el camino en esa dirección a través del desierto.
Su lectura es amena y muy apropósito para distraer el ánimo, y en esta creencia lo ofrece hoy a sus lectores,

El Editor


Guillermo Tell

Todos conocen la historia. Fue condenado por el bailío Gessler a disparar una flecha contra una manzana colocada en la cabeza de su propio hijo, y todo porque no quiso arrodillarse ante un gorro que simbolizaba el poder de los Habsburgo. Guillermo Tell cerró un ojo y dejó abierto el mejor para apuntar. Tensó la cuerda del arco y permaneció mucho tiempo así. Dejó de sentir el frío y los olores. No quedaba nada de él. Después nada más. Desde entonces Guillermo Tell vuelve todas las tardes a ver el sitio donde desapareció.


Voz

Escribiendo en su modesto rincón, perdiendo la vista, aportó una nueva actitud a la prosa de ficción fantástica: compostura formal, ojo conservador e irónico, humor medido, oximorones (claroscuro, agridulce, pianoforte), todo eso transmitido al mundo en el lenguaje mejor escogido. Jorge Luis Borges (1899-1986) goza de un culto exagerado en el mundo, y en su país natal ascendió a la categoría de monumento nacional. Hubiera podido mejorar con un buen corte de pelo, su traje siempre estaba raído, pero no le importaba porque sabía que tarde o temprano estaría criando margaritas. Su gusto por dejarse llevar por las pesadillas adquirió con él el rango de principio literario. Como le dijeron a ese oso hormiguero que había ganado la lotería: "¿A qué viene esa cara larga?" Borges también la tenía. Perfección estilística. Pensemos un rato en la perfección estilística. Hmmmm... (ronquidos, ronquidos). Una experiencia buena y mala, mitad la voz más estimulante de la literatura argentina del siglo XX, mitad un falso profeta de la sangre y el semen. Pésimo traductor en un país muy aficionado a la lectura de revistas. Desde su aparición el tránsito de la ficción argentina avanza en segunda. Después de haber intentado ignorarlo todo lo que pudo, frente a Borges la pregunta que la sociedad se plantea es esta: ¿cómo neutralizarlo? Y la respuesta es siempre la misma: asimilándolo. En vez de reconocernos en lo extraño, lo extraño se vuelve nosotros mismos, o sea, irreconocible. Tanto mayor es el artista, tanto más urgente resulta la operación. Borges ya se ha vuelto un modo de no leerlo. El laberinto es ahora el jardín de casa y los universos paralelos se topan con los semáforos en cada esquina. En cuanto a los espejos, en cuanto a los espejos ya no reflejan su rostro, sino el rostro de un viejo loco. En este Diccionario reconocemos la fuerza y categoría de sus creaciones, pero como modelo cultural creemos que es hora de que su falso, formal y casi incestuoso proyecto de ficción sea relegado a la oscuridad más oscura.


François Villon era ladrón

François Villon era ladrón, asesino, borracho y proxeneta: gran poeta.


Olvídense de los hippies

"Haz el amor, no la guerra" es un eslogan del siglo XII.


Autoafirmación personal

La sucesión de los hechos fue como sigue: un fotógrafo creyó que el aspecto exterior de un edificio céntrico merecía una fotografía. No había nada más que llamara su atención, salvo su aspecto de dinosaurio moribundo y erecto. Sacó tres fotografías desde distintos ángulos. Al revelar las fotografías descubrió que las tres estaban movidas. Era tal su certeza y su autoafirmación personal (hacía años que no sacaba una foto movida) que inmediatamente elevó una denuncia ante la Municipalidad diciendo que el edificio se había movido.
Una tropa de agrimensores e ingenieros se dirigieron al sitio para hacer los estudios pertinentes y descubrieron que efectivamente las napas subterráneas estaban cediendo y que el edificio se estaba inclinando lentamente. Se procedió al desalojo de sus ocupantes y, ante la imposibilidad de un apuntalamiento efectivo, a la posterior demolición de todo el edificio.


La simulación de la vida en Marte

Oculta entre las rojas extensiones rocosas de un paisaje demasiado yermo incluso para los mormones, cerca de Hansksville (250 habitantes, un grupo de casas en medio del desierto de Utah meridional, en los Estados Unidos) se yergue la Mars Desert Research Station: un cilindro blanco, idéntico a un silo del Mid West, donde un grupo de biólogos, geólogos, ingenieros y físicos participa de un proyecto que pretende simular la vida en el planeta Marte. Los 36 voluntarios —subdivididos en grupos de 6 y durante dos semanas cada uno— viven en el silo fabricado para la Mars Society, un ente privado con 5 mil sponsors y 80 sedes en más de 29 países. La de Utah es la segunda de cuatro estaciones (la primera es la del Ártico, abierta hace dos años) proyectadas para permitirle a los científicos internacionales, comandados por el astrofísico alemán Bjoern Grieger, trabajar juntos en la simulación de la vida en Marte.
El lugar habría sido descubierto por James Cameron, y probablemente a eso se debe que los científicos se apresuren a declarar que el suyo "no es un lúdico pasatiempo hollywoodiense". El proyecto prevé sacrificios enormes. Los participantes viven espartanamente en un ambiente más pequeño que una celda de prisión, sin ventanas (el único que tiene una es el comandante de la misión) y están obligados, al ducharse (cada 4 días) a usar menos agua de la que se requiere para cocinar un kilo de tallarines. Espartano es también el traje espacial, hecho con tela, cosida y sellada con cinta adhesiva, y formado por tubos de metal adquiridos en Home Depot, el supermercado de los plomeros y los albañiles, rematado por un casco transparente.
El objetivo de la Mars Society es conseguir enviar a hombres y mujeres a Marte dentro de los próximos 10 años, es decir, mucho antes de lo que estima la Agencia federal USA para el espacio (la NASA prevé el lanzamiento de una nave no tripulada recién para el 2020). El costo de la empresa: 10 mil millones de dólares. Una de las ideas de la Mars Society es producir directamente en Marte el combustible necesario para el viaje de vuelta, aprovechando la composición del aire marciano, muy rico en bióxido de carbono.
Casi todos los días los astronautas simulados de Marte-Hanksville dejan el refugio y se alejan para explorar los alrededores a bordo del vehículo espacial ATV. Dan vueltas entre las rocas jurásicas en busca de material que recogen con sus enormes manos enguantadas y llevan al refugio para examinar bajo el microscopio determinando si contiene algún signo de vida. Todo es minuciosamente catalogado y transmitido por email a los otros científicos de la "base" de la Tierra, es decir, la oficina astronáutica Zubrin Pioneer de Lakewood. Para crear el módulo de Utah se emplearon un millón de dólares, casi todos recibidos a través de donaciones. Entre los promotores del proyecto se encuentran Aldrin, el astronauta del Apolo 11, el segundo hombre que puso un pie en la luna después de Neil Armstrong, el astronauta Scott Horowitz y el escritor Greg Benford.
No faltan los momentos de hilaridad. Como cuando uno de los participantes, Tony Muscatello, se quitó el casco estando fuera del silo. "Un error imperdonable —explicó luego—, en la atmósfera rarefacta de Marte eso me hubiera provocado una muerte terrible e instantánea".


Una vida difícil

A partir de la derrota de Stalingrado, el 2 de febrero de 1943, Adolf Hitler no quiso volver a hablar de política con sus tradicionales huéspedes, la corte personal que, hasta ese momento, el líder fascinaba y extenuaba con sus largos monólogos. Una noche, en el "nido del águila", en el Obersalzberg, cuando la esposa de Baldur von Schirach, jefe de las Juventudes Hitlerianas, se lamentó del trato inhumano reservado a los judíos de Amsterdam, Hitler comentó: "Patético sentimentalismo", y desde ese momento la señora von Schirach fue expulsada del cenáculo.
"En aquel salón, a la medianoche, sólo quería relajarse, era feliz como un niño y nunca más quiso afrontar temas delicados. Se servía champagne, aunque él sólo bebía vino dulce. Cuando él entraba emanaba una fuerza a la cual nadie, hombres y mujeres, conseguía substraerse. Nos capturaba con el tono de su voz y ese toque austriaco. Sonará absurdo, pero para mí era una figura paterna, personalmente me daba una sensación de seguridad y protección. Sólo más tarde, cuando supe toda la verdad, dejé de experimentar ese sentimiento". La que habla, más de medio siglo después, es Traudl Yunge, una mujer de 81 años enferma de cáncer, que entre 1942 y 1945 fue la secretaria personal de Hitler. Fue a ella que, el 28 de abril de 1945, dos días antes de suicidarse junto a Eva Braun en el búnker de la cancillería, Hitler dictó su última voluntad. Sus memorias, publicadas por Claasen Verlag, y un film realizado por el austriaco André Heller y el alemán Othmar Schmiderer, rompen el silencio que la mujer se había impuesto desde entonces.
"Un mensaje en una botella, puesto a disposición de los historiadores", dijo Heller, a propósito de las diez horas de entrevista registradas por una telecámara fija, con las que el director ha realizado un documental de 90 minutos. "Hitler nunca quería flores en su habitación, eran plantas muertas, y él decía que no quería tener en torno cadáveres", cuenta Yunge. La mujer también ofrece una detallada confirmación relacionada con la obsesión de Hitler por la higiene: "Se lavaba siempre las manos después de acariciar a su perro, Blondi".
Una vez Yunge le preguntó por qué nunca se había casado. Hitler contestó: "No sería un buen padre de familia y sería irresponsable de mi parte fundar una familia si no pudiese dedicarme lo suficiente a mi esposa. Además, no quiero hijos: los herederos de los genios siempre llevan una vida difícil".


La princesa Blancanieves

"Si necesitamos de las fábulas, que al menos sean el emblema de la verdad". Voltaire debería sentirse más que satisfecho ahora que Blancanieves parece salir de las nieblas de la leyenda para entrar en al antro de la historia. Hay que olvidar la fábula, o mejor, olvidar la ironía al decir: "Había una vez...". Porque Blancanieves, los siete enanitos, el espejo encantado y la reina malvada existieron de verdad. Al menos eso se atrevió a sostener el señor Karl-Heinz Barthels, un farmacéutico de Lohr, un pequeño pueblo bávaro a orillas del Meno.
Barthels empleó 17 años para llegar a esta conclusión: La Blancanieves transfigurada por los hermanos Grimm no era otra que María Sophia Margaretha Catherina von Erthal, nacida el 15 de junio de 1729, hija del príncipe Philipp Christoph von Erthal y de Maria Eva von Bettendorf. El castillo de los Erthal hoy es un museo. Una de las atracciones del castillo es justamente el espejo parlante, refinado juguete acústico muy en boga en la época, fabricado justamente en Lohr, célebre en Europa por la manufactura de espejos y cristales. El espejo repite cada palabra pronunciada por quien está delante.
El espejo era propiedad del príncipe. Éste se lo había regalado a su segunda mujer, Claudia Elisabetta von Reichenstein, madrastra de Maria Sophia. Al parecer, la varicela dejó a Maria Sophia casi ciega. Los documentos hallados por Barthels hablan de una muchacha muy dulce. Probablemente la gente hizo a la madrastra más malvada de lo que en realidad era. ¿Y los enanos? Barthels encontró la respuesta en Bieber, un pueblo no muy lejano, entonces un importante centro minero por el cobre y la plata. Los túneles de las minas sólo eran accesibles por personas de estatura muy chica, que a menudo llevaban capuchas muy coloridas para ser bien visibles.
Es sabido que los hermanos Grimm hacían acopio de historias en las que verdad y mito se confundían, escuchaban a posaderos y viejas, mujeres de sastres y estafadores, retribuyéndoles con dinero cuando consideraban que el relato lo merecía. Luego lo "trabajaban" a fondo, atentos sobre todo a eliminar las partes más escabrosas y sangrientas para volverlo aceptable a la pudorosa sensibilidad de la época. Por ejemplo, en la primera versión de Cenicienta a las dos hermanastras, en castigo, se le arrancaban los ojos. En cuanto a Blancanieves parece ser que, originalmente, los enanos, al encontrarla sin vida, decidieron desnudarla y darle un baño de hierbas purificantes esperando con ello poder salvarla.
Lohr no fue la primera ciudad que reclamó la paternidad de una historia de los hermanos Grimm. Hoxter resultó ser el escenario natural de Hänsel y Gretel, mientras que Ziegenhald, en Asia, desde mediados del siglo XX se autodenominó "la tierra de Caperucita Roja".


Los girasoles de Van Gauguin

Los girasoles de Van Gogh son de Gauguin. Eso al menos aseguraba Antonio de Robertis, un agrimensor milanés que gracias a sus investigaciones, iniciadas en 1967, se volvió uno de los mayores expertos mundiales en Van Gogh. De Robertis sostenía que los llamados Girasoles Yasuda (en 1987 el cuadro fue comprado por la Yasuda Fire and Marine Insurance Co. de Tokio por la cifra récord de cuarenta millones de dólares) son una copia pintada por Gauguin a su vuelta a París después de un breve período de convivencia con Van Gogh (entre octubre y diciembre de 1888) en Arles. Período que se habría concretizado en una secuencia de veinticuatro cuadros realizados por los dos artistas con un rollo de tela comprado por Gauguin a su llegada a Arles.
En un catálogo de la muestra en el Art Institute de Chicago fue presentada una reconstrucción de la secuencia de los cuadros pintados por Gauguin y Van Gogh en la tela de Arles. Para poder atribuir los Girasoles Yasuda a Van Gogh era necesario disponer (y he aquí el descubrimiento de De Robertis) de los primeros dos cuadros de la secuencia (dos versiones de Les Alyscamps) en sentido vertical y no horizontal, como en cambio sería lógico teniendo en cuenta la trama del tejido. Sólo no respetando el "verso", o sea, el sentido correcto de la trama, se podían atribuir los Girasoles a Van Gogh. De lo contrario, si los dos primeros cuadros fueran ordenados teniendo en cuenta el "verso" justo, no habría espacio suficiente para pintar los Girasoles Yasuda, que en orden temporal es el último cuadro de la serie.
El descubrimiento más importante tuvo lugar, como casi todos los descubrimientos importantes, por casualidad. De Robertis hojeaba un catálogo de la obra de Gauguin. Buscaba alguna certeza relacionada con esos cuadros desperdigados que hubiese debido completar la porción de tela de Gauguin. Y lo que encontró fueron dos cuadros de dimensiones anómalas que completan perfectamente los espacios que habían quedado vacíos: un pequeño cuadro con un gatito y tres manzanas, y otro con dos floreros con flores (el primero pertenece a un coleccionista privado; el segundo se conserva en una fundación en los alrededores de Copenhague). Esas eran las dos piezas que le faltaban al rompecabezas, los que completan perfectamente el rollo de tela que corresponde a Gauguin, al que solamente falta una naturaleza muerta con un zapallo que se perdió. De Robertis estaba seguro de que esa Naturaleza muerta con zapallo sirvió de "base" a los Girasoles Yasuda. Gauguin pintó esos girasoles en el pedazo de tela donde precedentemente ya había pintado la naturaleza muerta de la que se perdió toda huella. Habría sido Claude-Emile Schuffenecker —un mercader que trató con Van Gogh y que luego de su suicidio jugó con su imagen, convenciendo al mundo que era un pintor absolutamente desconocido en vida, cosa que resultó ser una leyenda— quien terminó "transformando" aquel Gauguin en un Van Gogh.
El tiempo pasó y los argumentos de De Robertis siguen en pie. Como es el caso de las medidas, que no son las habituales en Van Gogh, o la ausencia de firma, los colores tan poco brillantes o el estilo, demasiado diferente al de Van Gogh.
De Robertis sólo pedía poder realizar un análisis con rayos X de los Girasoles Yasuda, seguro de que allí encontraría la naturaleza muerta con zapallo. Escribió muchas veces al museo Yasuda presentando sus dudas sobre la autoría del cuadro, pero siempre obtuvo vagas dilaciones a manera de respuesta. De Robertis siempre creyó que ese análisis radiográfico había sido hecho hacía mucho tiempo y que nunca le quisieron mostrar los resultados.


Al pensar nos quedamos solos

Cuando la conversación no es un mero canje de mecanismos verbales en que los hombres se comportan casi como aparatos que graban sonidos, sino que los interlocutores hablan de verdad sobre un asunto determinado, se produce un curioso fenómeno que el profesor Alec Turturro, de la Universidad de Yale, describe con brillante sencillez en su reciente trabajo Mind and Men. Conforme avanza una conversación, señala Turturro, la personalidad de cada uno se va disociando poco a poco: una parte de ella atiende a lo que se dice, mientras la otra, atraída por el tema mismo, se retrae cada vez más y se dedica a pensar en el asunto. Pero el caso es que es en ese tipo de conversaciones cuando lo que hacemos es ambas cosas a la vez, y a medida que la charla progresa las vamos haciendo con intensidad creciente, es decir, atendemos con emoción casi dramática a lo que se dice y al mismo tiempo nos sumimos más y más en la soledad abisal de nuestra propia meditación. Esta disociación creciente no se puede sostener en permanente equilibrio. "De aquí que —señala Turturro—, sea característico de tales conversaciones el arribo a un instante en que sufren un síncope y reina el más denso silencio. Cada interlocutor queda absorto en sí mismo. De puro estar pensando, ya no puede hablar".
"Al conversar vivimos en sociedad —concluye Turturro—, al pensar nos quedamos solos".


Causalidad y casualidad

La superstición, al igual que la mentira, no es exclusiva de nuestra especie. El profesor Ethan Malgrado, del zoológico de Viena, acaba de publicar un artículo en el diario Der Spiegel basado en la observación realizada sobre un grupo de palomas.
El experimento consistió en poner a esos pájaros en una situación en la que, a intervalos determinados y frecuentes, llovía del cielo una pequeña dosis de maíz triturado. Cuando a una paloma le sucedía recibir un premio, tendía a repetir lo que estaba haciendo en ese momento: estirar las alas, inclinarse, etc. Dado que los premios llovían sin regularidad pero con frecuencia, no era raro que la segunda lluvia tuviera lugar mientras la paloma repetía el comportamiento de la vez anterior. Resumiendo: las palomas tendían a interpretar la llegada del premio como el efecto de sus comportamientos especiales.
Después de una larga experimentación se obtuvieron así palomas que, por superstición, manifestaban los comportamientos más bizarros, como alargar o retraer el cuello, hacer una pirueta o dar dos pasos hacia atrás. Y todo eso en función de la obtención del premio. "La superstición nace así —escribe el profesor Malgrado— estableciendo una falsa relación de causa y efecto entre dos acontecimientos en realidad independientes". En realidad se trata de un error de funcionamiento en un tipo bastante común de aprendizaje: el de "por asociación".
No es difícil entonces, concluye el profesor Malgrado, producir animales supersticiosos, y hace extensivo este comportamiento a ratas, mirlos y chimpancés, en quienes extendió sus experimentos. "En nuestra especie —dice—, pero probablemente también en otras, el error, o sea, la confusión entre causalidad y casualidad, depende de cuán fuerte es la tendencia a pasar por alto la presencia de asociaciones, olvidando los numerosos casos de ausencia, cuando los dos acontecimientos tienen lugar de manera independiente".
Ejemplo: puede suceder mil veces que asistamos a un accidente sin que éste haya sido precedido por el paso de un gato negro que ha atravesado la calle, y puede suceder mil veces que un gato negro atraviese la calle sin que nada suceda; pero si una vez en dos mil sucede que los dos acontecimientos coinciden, la asociación es tomada al pie de la letra como relación causa y efecto, y por consiguiente enfatizada, exagerada, contada a diestra y siniestra. Entre nosotros, en realidad, ni siquiera es necesario que el error de asociación se verifique de manera personal: basta que hayamos oído hablar de ella para que la volvamos de inmediato una tradición.


Los animales también mienten

Los animales también dicen mentiras: la rana pescadora atrae a los peces de los que se alimenta con una carnada –una pequeña y frágil "caña de pescar" constituida por una continuación al exterior de su espina dorsal, en cuyo extremo se mueve un corpúsculo carnoso similar a una lombriz–; una serpiente norteamericana —la Heterodon nasicus— es capaz de verdaderas puestas en escena: si se encuentra frente a un depredador, se inmoviliza con la boca abierta y la abertura intestinal extrusa, cuyo color se parece mucho al de la carne muerta —el fenómeno, llamado tanatosis, tiene como fin evitar ser comido, ya que muchos animales no se alimentan de presas muertas— hay pájaros —el alcaudón amazónico de alas blancas— que emiten señales de alarma no para señalar un peligro sino para engañar, zorros y coyotes fingen que están muertos y, cuando la presa —por lo general cuervos y urracas— se acerca, de un salto la capturan. El catálogo de las mentiras de los animales, individualizadas gracias a una experimentación y una observación que lleva años, es largo.
Si bien en comparación con el universo de las mentiras humanas (más rico y diversificado) el de las mentiras animales es más precario y unidireccional, no por eso deja de ser menos sorprendente corroborar que, efectivamente, la oferta de mentiras es extraordinaria.
Para que un animal mienta, fuera de toda instrucción genética, es necesario que perciba, con la experiencia, cuál es el efecto de su comportamiento en los otros. Indudablemente son los primates los más hábiles a la hora de inventar sofisticadas mentiras, demostrando toda la flexibilidad, complejidad y variedad de engaños que les está permitida por sus desarrolladas capacidades cognitivas. El etnólogo berlinés Alfred Schmidt observó en cierta ocasión, mientras observaba y tomaba nota del comportamiento de un grupo de babuinos en las selvas del Sudán, que un pequeño, habiendo descubierto que una hembra había encontrado una rica fuente de alimento, para alejarla y aprovechar él mismo del hallazgo se había puesto a aullar como si la hembra lo estuviese maltratando, llamando así a su propia madre, que en cuanto apareció alejó a la hembra.
No hay duda, sin embargo, acerca de que el mentiroso más ingenioso es el ser humano. Las mentiras, para nosotros, hasta son signo de buena educación. En cualquier caso, lo que es exclusivamente humana es la capacidad de autoengaño. Efectivamente, a veces las mentiras nos las contamos a nosotros mismos, y lo que es peor, creemos en ellas. Los psicólogos sostienen que el autoengaño es un mecanismo "saludable". Por eso no es raro que imaginemos justificaciones para nuestros propios fracasos. Además es un mecanismo útil porque, si ya nos hemos mentido a nosotros mismos, pareceremos sinceros y creíbles a la hora de mentirles a los demás. Los vendedores, muchas veces sin saberlo, ejercen la autoconvicción sobre la buena calidad de sus productos.
Muchos asistentes de vuelo, sin ir más lejos, a la hora de tener que mostrarse educados con un pasajero insoportable, buscan de convencerse a sí mismos de que se trata de una persona simpática.


La etiqueta en los ascensores

El libro The Amy Vanderbilt Complete Book of Etiquette (Doubleday, 1995) es considerado la Biblia de la urbanidad moderna. El volumen tiene 786 páginas y fue actualizado, revisado y corregido por Nancy Tuckerman y Nancy Dunnan, señoras ambas absolutamente confiables: Nancy Tuckerman fue la jefa de personal en la Casa Blanca en los tiempos del máximo glamour norteamericano, los de Jacqueline Kennedy; Nancy Dunnan es una conocida periodista.
Amy Vanderbilt, una señora de familia rica y educación internacional, publicó su libro de buenos modales en 1952.
No sabemos cómo era la primera edición del Complete Book of Etiquette; esta segunda, debido a la cantidad de páginas y las consecuentes precisiones, es aterrorizadora: una página y media sólo para la "taxi etiquette", la etiqueta en el interior del taxi, que concluye con la sentencia paralizante: nunca arrojar basura debajo del asiento. Tener entre las manos el Complete Book of Etiquette da la sensación de que la educación es un tormento, no una solución. Las señoras no han dejado nada librado al azar. Y nada es simple. Tener "down-to eart" (los pies en la tierra), como explican en las primeras páginas, es, siguiendo las reglas del volumen, un hecho serio y carente de la más mínima alegría. En compensación, si uno tiene el coraje y la constancia para leer los ocho capítulos, divididos a su vez en innumerables voces, terminará tan almidonado como el mayordomo principal de un gran castillo inglés.
La señora Tuckerman y la señora Dunnan han actualizado el libro de la señora Vanderbilt, muerta en 1974, considerando las situaciones que a ésta última habían pasado por alto: patinando sobre hielo no basta con no caerse, sino que hay que hacerlo con las vestimentas apropiadas. Ni siquiera se han olvidado del ascensor: antes de entrar hay que asegurarse que ningún rostro que compartirá con nosotros el viaje nos inspire desconfianza. Los viajes en ascensor en los rascacielos norteamericanos deben ser muy largos y problemáticos, dado que las señoras —o probablemente antes que ellas Madame Vanderbilt— dan los consejos que daría el comisario Maigret a una adolescente de provincia que por primera vez piensa poner pie en una gran ciudad.
Son claramente un aggiornamento las voces como "sexo seguro" y el comportamiento que deben observar los hijos en aquella delicadísima situación que es la primera cita de mamá con un nuevo cortejador. Lo cual está muy bien, dado que se trata de un personaje clave para su futura tranquilidad. Se han dedicado una increíble cantidad de páginas al matrimonio y a su perfecta preparación. Seguramente muchas mujeres se divorciarán antes de haber conseguido leerlas todas. En la página 168 se rompe enérgicamente con la tradición: en la mesa, se sirve primero a la señora que se encuentra a la derecha del dueño de casa, y no al dueño o a la dueña de casa, como quería la antigua tradición de los pioneros. También en Estados Unidos usar escarbadientes es signo de mala educación.
Por suerte para nosotros, para vivir educadamente, hace falta menos gracia y, sobre todo, muchas menos páginas.


La caja criogénica de acero del doctor Martinot

El doctor Raymond Martinot, médico parisino muerto el 22 de febrero de 2002, a los 79 años, no verá el mundo en el 2030 y no podrá abrazar nuevamente a su adorada Monique, muerta de un tumor cerebral en 1984. El tribunal de Saumur decidió que no se cumpla su sueño de inmortalidad y acaba de ordenar que se desenchufe la tumba de hielo donde reposan, en estado de perfecta hibernación, los cónyuges. Durante dieciocho años, en la cripta del castillo de Preuil, en la campiña francesa de Touraine, funcionaba la caja criogénica de acero del doctor Martinot, primer experimento de congelamiento de cuerpos humanos intentado en Francia.
El gigantesco sarcófago mantuvo a una temperatura constante de 65 grados bajo cero al cuerpo de Monique. A su muerte, fue el mismo doctor quien preparó el cuerpo, inyectó los productos para la hibernación, puso en movimiento la ruidosa caja de acero, fruto años de estudios, de lecturas, de investigaciones maduradas en los libros de anatomía, del continuo informarse de los últimos avances de la criogénesis en los Estados Unidos y los adelantos en el congelamiento de embriones, pero también de las lecturas de las novelas de Julio Verne y, especialmente, de Las maravillas del 2000, del italiano Emilio Salgari, en el que dos individuos ingieren una poción que los mantiene dormidos durante 100 años exactos. Según el doctor Martinot, en treinta, cuarenta o cincuenta años, en el 2030 o en el 2060, los científicos sabrán hacer "revivir" un cuerpo conservado por el hielo.
Sintiendo que la muerte se acercaba, en los últimos años había escrito un libro para su hijo Rémy, en el que especificaba todas las instrucciones para hibernar un cuerpo.
Y Rémy, hijo único, llevó prolijamente a cabo la tarea. El 22 de febrero, cuando el corazón de su padre se detuvo, inyecto uno después de otro los productos indicados. "Salvo la glicerina —cuenta—, demasiado viscosa, no pude. Hasta el final tuve miedo de que una crisis nerviosa me impidiera hacer lo que debía. Por suerte no fue así".
Pero fue la ley la que se opuso a la última voluntad del doctor Martinot. El juez Roger Mondonneix impuso una sepultura "tradicional", al considerar al experimento "irresponsable e ilícito" y "contrario a las prácticas funerarias en vigor en Francia". "Es una sentencia injusta” —comenta Rémy Martinot—. Mi madre reposa en la cripta desde hace 18 años, y eso todos lo sabían". Su abogado, Alain Fouquet, anunció que tiene la intención de recurrir a la apelación. Pero para entonces podría ser demasiado tarde: incluso pocos minutos sin corriente eléctrica bastan para lanzar al sueño eterno los cuerpos de Raymond y Monique.
"Mi padre no estaba loco —dijo Rémy—. Se interesó por este tema en los años 60, en la época de los primeros experimentos de criogenización en el mundo". Vencer a la muerte se volvió la única obsesión de Martinot. En 1970 había comprado el castillo de Preuil para poder llevar a cabo allí sus experimentos. En 1974 hizo fabricar la gran caja criogénica, un enorme congelador de cierre hermético y alimentado por un generador. Enfermo de cáncer, estaba seguro de que reposaría en su tumba de hielo. Pero en cambio murió Monique, cuando acababa de cumplir sólo 45 años. Fue ella la que pidió ser hibernada.
Rémy estuvo ausente durante la lectura de la sentencia. Después de haber crecido en un ambiente donde no se hablaba más que de muerte, tocará a él enterrar, una vez más, a sus padres. Y esta vez para siempre.


Mito y realidad del doble

En uno de sus paseos a caballo por los alrededores de Frankfurt, Goethe se encontró al improviso con otro caballero en el cual, inmediatamente, se reconoció a sí mismo. Un doble, ese fenómeno que científicamente se conoce con el nombre de "eautoscopía" y sobre el que han pensado y arriesgado hipótesis numerosos estudiosos y también artistas y poetas, como Edgar Allan Poe, por ejemplo.
Es un poco lo que sucede cuando andando por la calle nos damos cuenta de que un espejo refleja nuestra figura. Se trata de una visión "lateral", y por eso resulta inesperada y siniestramente extraña. Pero menos raro que la eautoscopía —cuyas motivaciones psicológicas todavía nadie se detuvo a considerar— es el hecho de verse en el espejo o retratado en una pintura. En esos casos nuestra identidad parece perfectamente igual a la original, aunque invertida. Volviendo a Goethe, la imagen que el poeta vio durante aquel paseo a caballo por los alrededores de Frankfurt, ¿correspondía a la que él conocía a través del espejo, o en cambio era aquella que, efectivamente, habría visto si se hubiese "encontrado consigo mismo"?
Hay un único modo de verse tal como somos y como aparecemos al prójimo: la eautoscopía, el encuentro con nuestro doble.
Pero a lo mejor para experimentar algo así hace falta ser Goethe y saber andar a caballo.


Büchner sepultado bajo una montaña de papel

Cuando en 1835, dos años antes de morir, el poeta alemán Georg Büchner, a los veintidós años, publicó La muerte de Dantón, el libro tenía 160 páginas. Se habían impreso 400 ejemplares que, dieciocho años después, todavía no se habían agotado: escasos lectores habían querido gastar la suma equivalente a un viaje en carroza entre Frankfurt y la vecina Darmstadt para leer un drama ambientado en París en tiempos del Terror. Hoy la breve opera prima del que fuera un joven estudiante de medicina, escrita en poco más de un mes, se encuentra en el Olimpo de la literatura mundial y es el libro más leído en las escuelas alemanas. Acaba de aparecer una edición crítica que tiene, en cambio, 1.640 páginas, que incluye cuatro versiones distintas del texto, un número infinito de notas y apéndices con análisis estructurales, lingüísticos e históricos que no dejan pasar una, ni siquiera la biografía de los padres y los abuelos del joven poeta o las ideas políticas de su profesor de alemán. El mismo editor promete la edición de la obra completa de Büchner en catorce tomos.


Colmillo Blanco

Bernard Shaw habla de un amigo que un buen día leyó Colmillo Blanco y como le pareció espiritual y materialmente imposible que se hubiera escrito algo material o espiritualmente superior dejó de leer.
Si por un momento alguien se siente tentado a considerar a ese hombre un imbécil, que lo piense dos veces.


Cómo se escribe un libreto

Los dos recientes fracasos habían dejado aniquilada a su musa.
A medianoche se sentó a su mesa de trabajo. Tenía a la derecha una botella de vino de Tokay, sus útiles de escribir a la izquierda y ante él una tabaquera llena de rapé de Sevilla. En aquel tiempo Lorenzo da Ponte alojaba en su casa a una joven y bella muchacha de dieciséis años con su madre. Tan pronto hacía sonar la campanilla para pedir algo acudía a su aposento a cumplir pequeños servicios. Da Ponte abusaba de la campanilla. La encantadora niña se presentaba entonces con una taza de chocolate, pero a veces sólo con su carita jovial, siempre sonriente. Parecía creada para vivificar el genio fatigado y avivar la inspiración poética dormida. Ponte se obligaba a trabajar doce horas diarias sin interrupción, y así lo hizo durante dos meses con solo breves intervalos. Durante ese tiempo la bella y tierna jovencita y su madre permanecieron en la habitación contigua entregadas a sus lecturas, al bordado y otras labores de agujas a fin de estar siempre prontas para hacer acto de presencia al primer tintineo de la campanilla. Finalmente Da Ponte la llamaba con menos frecuencia para no distraerse. Así, entre vino de Tokay, rapé de Sevilla, la campanilla sobre su mesa y la hermosa muchacha que se asemejaba a la más joven de las musas, en dos meses los libretos de Don Giovanni y de El árbol de Diana estuvieron concluidos.


Los nombres

En el origen de todas las civilizaciones hallamos la creencia de que otorgar un nombre concede poder a quien lo recibe, determinando su destino y posibilidades; tanto es así que en Oriente, por ejemplo, se recomienda cambiar de nombre a partir de cierto grado de evolución personal. Entre los hebreos todo cambio importante del destino debía ir acompañado de un cambio de nombre. En la Biblia, Dios cambia de nombres cuando muta el destino: Abram (Padre del pueblo) se transforma en Abraham (Padre de las multitudes); y los mismo sucede con Saray, que para ser fecundada debe transformarse en Sarah, y con Jacob, que al vencer al ángel de Dios se convierte en Israel. Los ejemplos siguen hasta llegar a la actualidad, en el seno mismo del catolicismo, en donde al ser ordenado Papa el hombre debe abandonar su propio nombre para aceptar otro más acorde con sus nuevas funciones y prerrogativas. De ahí la importancia de elegir cuidadosamente el nombre que habremos de imponer a un neonato, por la sutil influencia que puede este ejercer sobre su carácter y destino, ya que, aunque cueste aceptarlo, el nombre moldea la personalidad a lo largo de la vida.
En su reciente libro I Nomi: il suo significato e la sua influenza nel carattere e il destino (Venezia, Edizioni del Ruzante, 1995), Toni Cambell nos dice: "En los hermanos, que logicamente deberían ser iguales al descender de los mismos progenitores, siempre existen notables diferencias, y estas no pueden sino deberse al nombre impuesto a cada uno de ellos." Allí descubrimos que Carmen posee una natural autoridad y una gran fuerza de persuasión, se muestra afectiva e idealista en el terreno sentimental y, si peca de algo, es de ser demasiado exclusiva y de no sentirse nunca plenamente satisfecha; Manuel es independiente, seguro de sí mismo y original, busca el placer y la diversión, pero sin olvidar el trabajo bien hecho y, en el amor, el placer antes que los sentimientos; Josefina es emotiva, sensible, nerviosa, soñadora e idealista, pero siempre que ello no vaya en detrimento de su libertad personal, lo cual afecta también a su actitud amorosa, que se debate continuamente entre la sensibilidad y el pudor.


El Noh

Parece ser que el primer occidental que presenció una representación de teatro Noh fue el famoso Ulysses Grant, el general norteamericano que tomó parte de la guerra de Secesión y que ostentó el mando supremo del bando nordista. En un viaje alrededor del mundo que realizó en 1879 se detuvo en Tokio y sus anfitriones, que no sabían como entretener a un visitante tan extraño, le ofrecieron una representación de Noh. El general contempló los solemnes movimientos de este arte sutil y simbólico sin comprender absolutamente nada pero sin sucumbir al sueño, y cuando terminó la representación se dirigió a sus anfitriones y pronunció una frase llena de admiración: "No permitan que se pierda esta obra de arte."
El Noh carecía entonces de resonancia popular que sí tenían el Kabuki y el teatro de marionetas. Exclusivamente dirigido al entretenimiento de la corte, las representaciones accesibles al público fueron haciéndose cada vez más infrecuentes. El Noh se convirtió en algo muy parecido a un ritual; por otra parte, los nobles estaban tan versados en los textos que era innecesario (y hasta indeseable) que las piezas fueran dramáticamente convincentes. Los diálogos se volvieron monocordes y los gestos terminaron por estilizarse. Una mano que se alzaba lentamente hasta el rostro significaba llanto, y un fuerte golpe dado con el pie en el suelo significaba la desaparición de un espíritu. No sorprende entonces que a pesar de no haber entendido absolutamente nada, Grant no se quedara dormido.
Aunque se siguen escribiendo piezas Noh, si se pusieran en un solo volumen todas las obras escritas desde el siglo XVI en adelante no superarían las escritas sólo por Zeami. Esporádicamente los escritores japoneses contemporáneos han escrito piezas Noh, intentando que las concepciones modernas encajaran en las formas antiguas. Durante la última guerra se llegó incluso a la composición de una pieza Noh que se desarrollaba en el interior de un submarino.


La vajilla celestial

El culto del OVNI ofrece un programa sistemático para evitar la realidad de la amenaza nuclear. El hombre medieval suponía que en ocasiones aparecían objetos extraños en el cielo —la Anglo-Saxon Chronicle está colmada de ellos—, pero sólo después de Hiroshima algunos concluyeron que eran el fruto de una tecnología inconcebible que o nos destruiría o nos redimiría —el hombre medieval sabía que sería redimido por una fuerza extraterrestre, no necesitaba de un plato volador que hiciera la tarea. No obstante, cierto agnosticismo no viene mal. Sólo porque un montón de excéntricos afirman haber visto, e incluso visitado, un plato, no significa que tal vajilla celestial no exista.


El mensaje de Juana de Arco

En el campo inglés se temía dar batalla. Falstaff, que se le había unido a Talbot, juzgaba que el adversario era poderoso, y sus hombres se hallaban un tanto acobardados. Había llegado a sus oídos la caída de Jargeau, y aun cuando ignoraba la de Beaugency, dudaba, por sobre cualquier otra cosa, de lo que él juzgaba como prodigios de Juana de Arco, a la que tenía por bruja manifiesta y notorio instrumento de los poderes infernales. Opinión que también era compartida por Bedford y, en general, por todos los ingleses.
Juana dormía. Esa misma tarde hizo alzar más temprano a las tropas. Los hizo avanzar a paso firme durante trece horas, hasta que divisó una elevación en medio de la llanura, y a la puesta del sol los alineó en orden de batalla. Esperando así el nuevo día.
Antes de que la noche sacudiera su cabellera leonada sobre las cabezas de los soldados, los ingleses enviaron emisarios proponiendo unas ordalías que habrían de consistir en que tres caballeros del bando se batiesen a duelo, y atenerse luego a lo que resultase de los combates, digamos así, singulares.
Juana envió a dos mensajeros que milagrosamente llegaron ante Talbot, después de enfrentar mil peligros. El mensaje era el que sigue: "Que mejor se acuesten y descansen, porque mañana nos veremos las caras."
Los mensajeros se fueron. Casi de milagro no los matan. Sin embargo, pocas horas después de haber partido estaban otra vez allí, pidiendo audiencia con Talbot.
Talbot los hizo entrar, deseoso por saber qué traían. "Nos olvidamos de algo —dijo uno de ellos—, y Juana nos ha enviado a que te lo digamos. Que mañana nos veremos la caras, si Dios lo permite."


Los autores prolíficos

Esopo informa que un día una zorra se burló de una leona:
    —Tú das a luz un cachorro por vez —le dijo.
    —Es verdad —replicó la leona—, sólo uno, pero es un león.


Signos de vida inteligente

Cada tanto los grises beneméritos que componen la Academia Sueca muestran signos de vida inteligente. Encargados de otorgar anualmente el Premio Nobel de Literatura su gusto suele inclinarse por novelistas escandinavos amados por los lectores de Reykjavik, por poetas que no pueden ser entendidos ni en su propia lengua ni en ninguna otra o por latinoamericanos que no han escrito un buen libro en años.
No es sorprendente entonces que cuando la noticia de su consagración llegó a su departamento de Miami Beach, Isaac Bashevis Singer le dijera a su esposa:
    —De todos modos, tomemos el desayuno.


La negación de la realidad

Una vez, en el desfiladero de Olduvai, en Tanzania, un rayo quebró en dos un árbol de baobab, haciendo que el primero o posiblemente el segundo hombre diera un salto quedando a medias desnudo de la piel que lo cubría. Empleando su recién creado poder de raciocinio llegó a una conclusión, y ejercitando su recién desarrollado poder del habla, el primero o posiblemente el segundo hombre dijo: "Esto no sucedió", y siguió su camino.
Así se inventó una de las cualidades humanas más atractivas y persistentes.


La mujer en la ficción

Una mujer es un primate de piel suave que en virtud de su domesticidad y su sexualidad enervante es incapaz de entender la necesidad de un hombre de hacer resplandecer su camino solitario en un mundo que carece de sentido. En las novelas una mujer es algo que un hombre puede dejar atrás, preferiblemente embarazada, con la sugestión de que él puede volver uno o dos años después. La mujer, por su puesto, esperará.
Una mujer, sin embargo, es inútil en una ladera montañosa.
    —¿Para qué la trae a ella? —pregunta el héroe de Solo Faces, de James Salter.
    —Para ordeñarla —responde su compañero.


La labor del crítico

En Siracusa, hace dos mil quinientos años, un crítico llamado Filoxeno se rehusó a elogiar una obra escrita por el tirano Dionisio. Por su obstinación fue enviado a cumplir trabajos forzados en la cantera local.
Dos años más tarde fue liberado y se le preguntó si deseaba revisar su opinión. Filoxeno replicó: "¡De vuelta a las canteras!"
Esta historia sugiere la antigüedad de una tradición de integridad frente a una retribución terrible y cierta impertinencia, cierto gozo en la terquedad.
El crítico necesita hoy de ambas cualidades, aunque sólo sea para dedicar buena parte su tiempo ofendiendo a sus amigos cuando escribe sobre libros bastante buenos que debieron ser mejores o sobre libros malos que tienen enorme éxito. La labor del crítico siempre ha consistido en tratar de explicarse y explicarle a los demás por qué la mayoría de la gente demanda libros malos y por qué sólo un escritor realmente talentoso es capaz de producir libros egregiamente terribles.


Secretos de Plinio

Plinio, ese sabio incomparable, dedicó la mayor parte de su vida a realizar experimentos con cosas que, aunque naturales, son incomprensibles para la mayoría de los mortales. De este modo consiguió lo que podría llamarse ciencia infusa.
Dice Plinio que para ablandar y hacer flexible más allá de lo imaginable un huevo, hasta el extremo que se lo pueda hacer pasar por una cerradura sin romperse, es preciso ponerlo en remojo en vinagre durante cinco días, al cabo de los cuales se lo hará pasar por donde se quiera. Esto ha sido probado.
Si se quiere regocijar a una muchedumbre durante un banquete, se tomarán cuatro hojas de verbena que se pondrán en remojo en el vino que hayan de beber los convidados. Todos cuantos beban de él se sentirán invadidos por la alegría. Esto ha sido probado.
Para cortar con un cuchillo el hierro o el acero dice Plinio que debe utilizarse la hierba llamada agracejo, con la que se frotará el filo, dejándolo secar. De este modo se puede estar ciertos de que se cortará cuando se le ponga debajo. Esto ha frecuentemente experimentado con éxito.
Plinio dice que si se toma el hueso grande de la pata derecha de una rana y enseguida se echa en una olla de agua hirviendo, dejará de hervir en el acto y no volverá a hervir, por mucho fuego que se haga, hasta que se haya quitado el hueso del recipiente. Esto ha sido experimentado, pero sin éxito alguno.


Intimidades

Gisèle Freund, cámara fotográfica en mano, persiguió a James Joyce durante tres días, inmortalizándolo en momentos efímeros, tomando un taxi, comprando el diario. El libro se titula Three days with Joyce. Sin duda deberíamos ser cautos al interpretar esas fotografías, pero la tentación es irresistible: gracias a ellas se comprueba que en esos tres días Joyce no se cambió las medias.


Injurias a Spinoza

El destino de ser insultado se inició en Spinoza tempranamente y continuó hasta mucho tiempo después de su muerte. El famoso Thomasius lo llama "escritor oscurantista", "archijudío blasfemo y completamente ateo" y "monstruo atroz". Dippel se pasa de la raya, lo llama "diablo necio", "saltimbanqui ciego", "idiota obcecado", "demente que merece que lo encierren en un manicomio", "hombre loco y borracho" y "harapo filosófico", dedicado a "bufonadas máginas", lleno de "gestos torcidos y miserables" —y no se queda ahí, sino que sigue durante páginas y páginas, en un libro bastante voluminoso. El profesor Sturm lo llama "pillo miserable", "animal extranjero" y "hombre lleno de ideas nefandas". Musaeus, un profesor de teología de Jena, se pregunta si entre todos cuantos había utilizado el diablo para reducir a la nada los derechos de Dios y de los hombres podía encontrarse alguno que hubiera demostrado más actividad en esa obra destructora "que aquel embustero, nacido para el mayor prejuicio de la Iglesia y del Estado". Un profesor de oratoria dice que los libros de Spinoza están "llenos de ultrajes y ateísmo", y que merece que vuelvan a arrojarlo a las tinieblas del infierno, de donde han "salido a la luz para perjuicio y vergüenza de la especie humana", para conlcuir diciendo que "el mundo no ha conocido nada tan pernicioso desde hace siglos". Un matemático de Dordrecht va más allá, para él hablar de siglos es poco: "desde que existe la Tierra no han aparecido libros más funestos". Voltaire opina que el sistema de Spinoza se edificó "sobre el abuso más monstruoso de la metafísica". Leibniz llama a uno de sus libros un "escrito insoportablemente insolente y pavoroso". Hamman se refiere a él como "un salteador de caminos y asesino del sano entendimiento y de la ciencia".
También tuvo un número elevado de admiradores, pero Spinoza es el pensador que conserva en su haber el récord de haber sido injuriado más veces y con mayor vehemencia que ningún otro.


A Joyce no le gustaban las novelas de Dickens

En sus cartas, críticas o conversaciones de las que se tiene registro, Joyce hizo pocos comentarios sobre Charles Dickens. Carola Giedion-Welcker recuerda que en Zurich Joyce le dijo a un hombre que estaba leyendo a Dickens que en cambio debía leer a Sterne. La biblioteca que Joyce poseía en Trieste y que dejó a Stanislaus, su hermano, incluía cinco novelas de Dickens: Barnaby Rudge, Casa Desolada, David Copperfield, Nicholas Nickleby y Oliver Twist. Nelly Joyce, esposa de Stanislaus, le permitió bondadosamente al profesor Louis Berrone mirar esos volúmenes. Berrone notó que los libros de Dickens efectivamente habían sido leídos. En David Copperfield, incluso, encontró subrayadas algunas palabras.
Weldon Thornton, Don Gifford y Robert J. Seidman señalaron alusiones a Dickens en el Ulises. Adaline Glasheen y James S. Atherton las encontraron en el Finnegans Wake.
Pero Stanislaus Joyce dice que, por lo que puede recordar de los intereses literarios de su hermano, a Joyce no le gustaban las novelas de Dickens.


Las profesiones propicias

Sólo dos profesiones ofrecen ventajas inmejorables para la observación científica de la mujer: la de médico y la de sacerdote.
El sacerdote católico está excluido de las relaciones sexuales, pero el sacramento de la confesión lo coloca en una posición inmejorable para descubrir ciertos secretos. Después sigue el médico, el cual tiene la ventaja de la práctica conyugal, y que por su deber de observar objetivamente está más capacitado que ninguno desde el punto de vista técnico. Además, el médico es también una especie de confesor.
Entre los médicos mismos existen dos especialidades particularmente favorecidas. La del ginecólogo y la del neurólogo. Pero si el ginecólogo puede penetrar más a fondo en la vida sexual, el neurólogo, obligado a estudiar los estados mentales, adquiere una experiencia que otros difícilmente podrían acumular. Comparadas con éstas, las otras profesiones son mucho menos propicias para el estudio de la mujer.


La política autoritaria

La forma más antigua de sociedad en sentido lato es la formación de multitudes anónimas, de las que nos dan el mejor ejemplo los peces en alta mar. Dentro de semejante multitud no hay ninguna extructura, ni mandantes ni mandados, sino una formidable acumulación de individuos semejantes. Éstos ejercen una influencia recíproca entre sí, y hay ciertas formas elementales de comunicación entre los componentes de esos grupos. Si uno de ellos, habiendo visto un peligro, se da a la fuga, comunica su miedo a todos los que lo han visto. ¿Qué dimensiones puede alcanzar el pánico en esas condiciones, por ejemplo en un banco de peces? ¿Es posible que el cardúmen entero se contagie y se de a la fuga? Ésta es una cuestión puramente cuantitativa y la respuesta depende del número de individuos que se asustaron y huyeron y de la intensidad de sus reacciones. El banco entero puede responder a los estímulos que provocan atracciones aun cuando sea un solo individuo el que las recibe. Basta con que avance con firmeza en determinada dirección para que otros lo sigan. Un pez que por una razón cualquiera se pone a nadar en una misma dirección no tiene más remedio que salir del banco, hallarse en libertad en el agua y así quedar expuesto a todos los estímulos que tienden a hacerlo volver al banco. Cuantos más son los peces que se apartan en la misma dirección obedeciendo a algún estímulo externo, más son las probabilidades de que los siga el banco entero. Pero cuanto mayor es el banco y por ende mayor su resistencia a dejarse arrastrar, menos se alejarán sus invididuos antes de volver al banco como atraídos por un imán. Por eso un gran banco de peces densamente hacinados presenta un lastimoso cuadro de indecisión. Una y otra vez se forma una pequeña corriente de individuos emprendedores que salen de la masa como el seudópodo de una ameba. Cuantos más largos se hacen esos seudópodos, más se adelgazan y más fuerte se hace la tensión longitudinal. Y por lo general el avance termina con una fuga precipitada al corazón del cúmulo. Al ver esos esfuerzos fallidos uno se indigna contra la democracia y está a punto de reconocer las ventajas de la política autoritaria.
Erich von Holst


El discípulo

Concluida la cena, Wilde llevó aparte a André Gide y le dijo con cierta brusquedad:
    —Usted escucha con los ojos. Voy a contarle una historia. Cuando Narciso murió, las flores del campo quedaron desoladas y le pidieron al río gotas de agua para llorarlo. "¡Oh!", les respondió el río, "aun cuando todas mis gotas de agua se convirtieran en lágrimas no tendría suficientes para llorar yo mismo a Narciso: yo lo amaba." "¡Oh!", prosiguieron las flores, "¿Cómo no ibas a amar a Narciso? Era hermoso." "¿Era hermoso?", preguntó el río. "¿Y quién mejor que tú para saberlo?, dijeron las flores. "Todos los días se inclinaba sobre tí y contemplaba en tus aguas su belleza..." "Si yo lo amaba", respondió el río, "es porque cuando se inclinaba sobre mí veía en sus ojos el reflejo de mis aguas".


El pez descerebrado de Von Holst

Erich von Holst quitó a un gobio (phoxinus laevis) la porción anterior del cerebro donde se encuentran, al menos en esos peces, las reacciones de adhensión al cardúmen. El gobio operado veía, comía y nadaba como sus congéneres normales; lo único que lo distinguía de éstos es que le daba perfectamente lo mismo apartarse del grupo sin que nadie lo siguiera. Le faltaba la vacilación y la preocupación del pez normal, que aunque desee avanzar en una dirección determinada, en cuanto ejecuta los primeros movimientos se vuelve hacia sus compañeros y se deja influir por el número de los que lo siguen o de los que no lo siguen.
Al pez descerebrado de Von Holst el asunto no le preocupaba en lo más mínimo, y si veía alimento o cualquier cosa atractiva nadaba con decisión hacia el objetivo y todo el cardúmen lo seguía. Precisamente el hecho de ser un pez descerebrado lo había convertido en jefe.


La mejor traducción rusa de Byron

En la URSS de Breznev había una joven profesora de literatura inglesa a la que metieron en una celda —sin luz, sin papel ni lápiz—, a causa de una delación absurda. Conocía de memoria los más de treinta mil versos del Don Juan de Byron y se dedicó a traducirlos mentalmente en la oscuridad. Cuando salió de la prisión había perdido la vista, pero dictó su traducción a una amiga. Hoy ésa es considerada la mejor traducción rusa de Byron.


Los huevos

Querida mamá:
Hice la prueba de los huevos. Coloqué un huevo fresco, cascado, debajo de la pirámide que levanté en la cocina, y otro debajo de una caja cualquiera. Veinticuatro horas más tarde, debajo de la caja, la clara empezaba a espesarse, mientras que la que estaba debajo de la pirámide seguía perfectamente líquida. Cuarenta y ocho horas más tarde, la clara que estaba debajo de la caja se había vuelto gelatinosa y la yema se pegaba a los dedos. El huevo que estaba debajo de la pirámide, en cambio, parecía tan fresco como el día que lo casqué. La conclusión es que si toda estructura emite ondas, las emitidas por la pirámide parecen más beneficiosas. No tomes frío. Besos.
Annie

P.D. Mamá, es raro que aún nadie se haya puesto a vender botellas de agua energizada por una pirámide. No sólo gana en gusto y sabor, sino que también constituye un notable y poco costoso producto de belleza. El agua que dejamos juntas cuarenta y ocho horas debajo de la pirámide del jardín limpia considerablemente la piel, sirve de loción desmaquillante y ayuda a la cicatrización de las pequeñas heridas. Haré la prueba con jugo de naranja. La ensalada de frutas quedó espantosa. Besos.


Orientación de las flores

Cada flor, por su naturaleza, su forma y sus colores, posee una radiación específica que requiere una orientación precisa. Si se elige bien el emplazamiento de cada flor en relación con los puntos cardinales, el jardín y los que lo frecuentan se beneficiarán de las virtudes de esa misteriosa influencia vibratoria. Siga al pie de la letra estas indicaciones: el lirio se orienta hacia el sur; la mimosa hacia el sureste; el geranio hacia el norte; la caléndula hacia el noroeste; el clavel también hacia el noroeste; el alhelí hacia el oeste; las plantas carnonas y los cactus hacia el este.
Las únicas que aceptan todos los puntos cardinales son las rosas, siempre que no sean blancas, las cuales sólo toleran el norte.


El poder de las pirámides

La periodista Anne Hasch, en su obra sobre el poder de las pirámides, explica que a lo largo de un año hizo experimentos con un modelo reducido de la pirámide de Keops. Al parecer, para la mayoría de sus pruebas utilizó una pequeña estructura de 20 cm de altura. Es de suponer que esas experiencias habrían dado resultados más espectaculares si se hubiesen realizado con un modelo de 146 metros.


El nacimiento de la filosofía

Los acontecimientos del espíritu carecen de un registro confiable. Nadie sabe con seguridad cuándo nació la filosofía. Jakob Brucher (Jacobus Bruckerus) en su Historia crítica de la filosofía desde los comienzos del mundo hasta nuestros días dice que ésta se remonta a los albores del mundo o, según como se traduzca la palabra latina que emplea, hasta la cuna o la infancia de la humanidad.
Bruckerus va más allá de los griegos, los egipcios y los babilonios, más allá del diluvio, hasta llegar a esa época incierta entre Adán y Noé en que la humanidad daba sus primeros torpes pasos. Es por eso que la primera parte de su voluminoso libro se llama "Filosofía antediluviana". En opinión de Bruckerus, Adán no había tenido tiempo para dedicarse a las especulaciones metafísicas. Quien tiene que ganarse el pan con el sudor de su frente no tiene al atardecer la cabeza despejada como para dedicarse a esas cosas.
Un historiador moderno, en cambio, señala con absoluta exactitud el momento preciso del nacimiento de la filosofía: el 28 de mayo del año 585 a.C.


Sobre la deficiencia mental de las mujeres

Según Paul Julius Moebius (Über den physiologischen Schwachsinn des Weibes, Bechtermünz, Munich, 1900) no es tarea fácil explicar en qué consiste la deficiencia mental. En líneas generales puede decirse que es lo que se encuentra entre la imbecilidad y el estado normal, pero al mismo tiempo es muy difícil señalar exactamente el punto que separa la deficiencia mental del estado normal. Para la contextura física tenemos una regla y podemos determinar fácilmente si un cierto número de centímetros entra o no en la norma, pero para las facultades mentales carecemos de una regla: todo se decide arbitrariamente.
En la vida diaria están en uso dos términos contrapuestos: inteligente y estúpido. Es inteligente aquél que es capaz de discernir, es estúpido aquél a quien le falta la facultad de la crítica.
En la práctica, siempre según Moebius, no puede establecerse una diferencia esencial entre la estupidez y las formas más leves de la deficiencia. No puede alegarse que la estupidez puede ser normal, mientras que la deficiencia mental ya es patológica. Desde un punto de vista estrictamente científico lo que suele llamarse estupidez puede ser considerado como una anomalía morbosa.
Si consideramos a la estupidez como una variante de la deficiencia, no por eso habremos descartado las dificultades, porque los límites entre lo que es estúpido y lo que es normal siguen sin quedar fijados. Desde cierto punto de vista, concluye Moebius, cada uno de nosotros es en cierto modo un estúpido: éste en la música, aquél en las matemáticas, aquel otro en el aprendizaje de lenguas extranjeras, etcétera.
La deficiencia mental es una relación, concluye Moebius; un deficiente mental sólo lo es en comparación con sus semejantes: "Un esquimal que no sabe contar más que hasta cien, como esquimal no es deficiente, pero lo será comparado con un alemán o un francés".
Moebius declara que la mujer es mentalmente deficiente en relación al hombre. Y concluye: "La naturaleza, ciertamente, ha sido con ella muy dura".
Moebius probó esto científicamente. Entrevistó a treinta mujeres de distinta edad y condición social haciéndoles dos preguntas. La primera: "¿Cuántos habitantes tiene la ciudad de Leipzig?" La segunda: "¿Qué distancia, en kilómetros, hay entre Leipzig y Dresden?".
Sólo 5 mujeres (seis, juzgando con indulgencia) dieron una respuesta correcta a la primera pregunta. Sólo una contestó correctamente la segunda.


Kant y las chinches

Por una falla en sus observaciones, Kant llegó a una hipótesis un tanto extraña sobre la generación y propagación de las chinches. Kant mantenía las persianas continuamente cerradas para que no entraran los rayos del sol, pero en ocasión de un corto viaje al campo olvidó cerrar las mencionadas persianas antes de su partida, y al volver encontró su habitación llena de chinches. Dado que estaba seguro de que antes no había chinches en su dormitorio, llegó rápidamente a la conclusión de que la luz debía ser necesariamente vital para la existencia y la propagación de esos insectos, y que impedir que penetraran en el cuarto los rayos del sol debía ser un medio para prevenir su reproducción.
Estaba tan convencido de la verdad de su teoría que no aceptaba ningún tipo de objeción al respecto. Su sirviente, Lampe, nunca lo contradijo, se ocupó de la limpieza profunda de su dormitorio y de su cama, y las chinches disminuyeron, y abría las persianas diariamente sin que Kant lo supiera.


La enfermedad polar

La enfermedad polar, cólera de las expediciones o locura del desierto suele apoderarse preferentemente de grupos pequeños de hombres que se encuentran aislados y dependen enteramente unos de otros, sin posibilidad de pelearse con personas extrañas a su pequeño círculo de amigos. La acumulación de agresividad reprimida resulta tanto más peligrosa cuanto más íntimamente se conocen, entienden y aprecian los miembros del grupo. En dicha situación cualquier movimiento expresivo del mejor amigo, como carraspear o rascarse una oreja, puede provocar reacciones que serían comprensibles si un desconocido le hubiera propinado una trompada descomunal en la nariz al ofendido. El conocimiento de la ley a que obedece este fenómeno tan triste nos impide ciertamente asesinar al amigo, pero de ninguna manera aminora nuestro sentimiento. Al que es comprensivo no le queda otro remedio que salir de la carpa o el iglú o lo que sea donde estén encerrados y darle una patada demoledora a cualquier objeto no muy caro ni muy duro pero que haga mucho ruido. Eso siempre sirve de algo, y es lo que en etología se llama movimiento reorientado o desviado. Pero el que no conoce esta ley o no es lo suficientemente comprensivo, indefectiblemente mata al amigo. Son cosas que pasan.


Vestirse bien

Se duchó, se afeitó. Se puso una camisa de batista con una simple corbata negra y un saco de cuero color crema. Se miró al espejo y se dio cuenta de que todo era inútil. Para él vestirse bien era como atar una cinta roja alrededor del mango de un picahielo.


Es guapo, viste bien, sabe bailar

Ahora los italianos pueden decir: "habemus hominen", tenemos nuestro hombre. Es guapo, viste bien, sabe bailar. Ha nacido un nuevo acontecimiento cultural-erótico, una nueva fenomenología: las "chicas Curcio". Por toda Italia circula una secta de doncellas que se saben de memoria capítulos enteros de Terciopelo, a quienes no se les escapa un sólo párrafo de Mar adentro, ni una sola coma de su exitosa Metrópolis. La banda de las "Curcio-girls" profesa una religión con forma de corazón, fanáticas del escritor turinés. Gianfranco Curcio se ha convertido en el escritor más amado por las mujeres. Para ser una Curcio-girl no importa la extracción social: se puede ser una chica snob o una obrera, una empleada o una profesora universitaria. No es casual que el atractivo de Curcio, antropológicamente ubicado a la derecha, repose en una imagen que recuerda el identikit del intelectual de izquierda. De hecho Curcio sistemáticamente ha hecho oídos sordos a los deseos de la intelectualidad italiana, orientándose más bien hacia un modelo que no tiene nada que ver con el escritor triste, veleidoso, frustrado, que habla difícil, pertenece a un grupo cerrado y asiste a aburridas lecturas de poemas. Todos síntomas de lo que Curcio llama la "anemia de los deseos". Es como un príncipe azul del punto y coma, un Brad Pitt de las letras, un Andy García que seduce, seduce y seduce, tres veces.
Se teme que estas "Curcio-adictas" puedan llegar al suicidio en masa, ebrias ante su presencia tan glamour y melancólica. Lo más incomprensible es que los libros de Curcio están repletos de citas, homenajes, señales, referencias a la literatura, y sin embargo sus libros gustan sobre todo a quienes no perciben ninguno de estos gestos. Es la imagen del mismo Curcio lo que encuentran fascinante.
Los italianos tienen desde ahora un escritor "buena presencia" que ha inventado un modo absolutamente propio de capturar a los lectores. O mejor dicho a las lectoras.


La máquina de hacer poemas

Hans Magnus Enzensberger, uno de los escritores alemanes más agudos y polifacéticos, presentó en el Festival “Lírica en el río Lech” una invención que cree destinada a revolucionar el mundo de la poesía. El aporte podría incluso llegar a cambiar lo que supone la función (entendida como un estado espiritual o un fenómeno psicológico) de la poesía, en palabras de Macedonio Fernández, el reflejo de lo que pasa en el alma del poeta cuando percibe sentimentalmente la realidad y acepta dolorosamente la contingencia.
Enzensberger inventó una máquina capaz de crear poemas en cantidades industriales sin repetirse nunca. Un sueño que comenzó a alimentar en los años 70 y que vio la luz gracias, signo de los tiempos, a un programa informático. El sueño del poeta costó 200 mil marcos, unos 100 mil dólares.
El invento se llama, algo previsiblemente Poesie-Automat, tiene la apariencia de un panel de llegadas y salidas de un aeropuerto y funciona oprimiendo una tecla. El poema resultante tiene seis versos. La Poesie-Automat produce un poema cada 30 segundos, y como esa capacidad de producción es inagotable se calcula que en poco tiempo habrá fabricado un número de poemas superior a toda la producción hasta ahora creada por la humanidad. Como casi toda la obra de Enzensberger, el invento es lo suficientemente inquietante como para abrir interrogantes. Por ejemplo: ¿quién sería el autor: el inventor o el que usa el programa? ¿O la máquina? ¿La entrada en actividad de esta máquina señalará el fin de una de las actividades más viejas del arte? Lo único que Enzensberger pretende es que su invento oficie de patrón: “Quien no es capaz de escribir una poesía mejor que una máquina, tiene que dedicarse a otra cosa”. De todas formas, el resultado no salió como estaba previsto. Enzensberger esperaba que su máquina fuera capaz de producir poesías anónimas, pero con sorpresa pudo constatar que todos los versos tiene algo de enzensbergeriano: evidentemente, algo de la personalidad de quien elabora el programa se transfiere al software, y por lo tanto a la computadora misma. ¿Eso quiere decir que la computadora asimiló su estilo? No necesariamente: la computadora no es tan buena como él.


La reina del bosque

Robin Hood era gay y Lady Marianna una invención literaria. Eso al menos sostiene el profesor Stephen Knight, de la Universidad de Cardiff, que escribió un libro con el inequívoco título La Reina del Bosque.
Según el académico inglés, el príncipe de los ladrones tuvo una acalorada historia de amor, sí, pero con Little John. La Robin Hood Society inmediatamente reaccionó contra esa especulación en torno al legendario personaje, mientras que el grupo gay Outrage festejó con bombos y platillos la noticia.
Un presunto descendiente del bandido de Sherwood, el conde de Huntington, en cambio, se apresuró a declarar: "No hay ninguna prueba histórica de que perteneciese a mi familia".
¿Qué hacía Robin Hood en el bosque de Sherwood, además de contar el dinero robado a los ricos para dárselo a los pobres? Vivía una historia de amor, como siempre se supo. Robin Hood era homosexual. Eso es lo que dice el profesor Stephen Knight, y todos sus compañeros, mencionados en las antiguas baladas, no formaban otra cosa que una especie de cofradía gay, ocultos entre las ramas de la ira del sheriff de Nottingham. No hay pruebas contundentes, pero sí indicios suficientes para hacer de Robin Hood un caso. Y los casos siempre generan polémica.
Descubrir secretos en la vida de la gente es un refinadísimo arte entre los ingleses, un arte que encuentra sustento, especialmente, en los diarios dominicales populares. Pero si esos secretos son develados por un diario serio como el Sunday Times, la cosa es distinta.
Knight, en una entrevista publicada por ese cotidiano, además de hacer hincapié en el hecho de que Robin Hood vivía en el bosque "sin mujeres", encuentra que la historia del bandido es muy rica en signos indudables del "imaginario erótico". ¿Qué signos?
El bosque, según Knight, es ya en un símbolo de virilidad, es cierto, pero las continuas referencias a flechas, carcajes, espadas y lanzas dejan todo muy claro. Hay que admitir que eso no prueba nada. ¿Es posible que Knight no tenga un argumento mejor? Sí, lo tiene: el contexto histórico.
La historia de Robin Hood se remonta a fines del siglo XII, cuando Ricardo Corazón de León había emprendido la marcha a las Cruzadas. Pero las baladas datan de dos siglos después; son textos anónimos que los especialistas fechan en torno a 1450.
Robin quiere decir petirrojo, un pájaro de color verde con pecho rojo. Knight dice poder afirmar con absoluta seguridad que en el siglo XV la palabra petirrojo es un eufemismo con el que se designa a los hombres de virilidad dudosa.
En socorro de la tesis de Knight corre otro académico, Barry Dobson, profesor en la Universidad de Cambridge, que dice que en el siglo XII los homosexuales eran aceptados, y que fue más tarde cuando la Iglesia empezó a ser menos tolerante con ellos.
Probablemente todo eso no sea suficiente, pero sí lo es para el grupo gay Outrage, que enseguida emitió un comunicado en el que declara: "Ha llegado la hora de que se admita la contribución de los homosexuales más famosos", y agrega el nombre de Robin Hood a la lista presidida por Thomas Edward Lawrence, más conocido como Lawrence de Arabia. Y bastó para provocar la indignación de la Robin Hood Society, cuya presidenta, Mary Chamberlain, lamenta que se especule de esa forma con un personaje con el que tanto se identifican los niños de todo el mundo.
Lo extraño no es tanto descubrir que Robin Hood era homosexual, sino cuáles fueron los caminos que llevaron a ocultar ese hecho y tratar de explicarse el rechazo que provoca la noticia hoy día. Por otro lado, el comportamiento homosexual de los bandidos no debería extrañar tanto: el mismo comportamiento se da en cualquier organización de hombres cerrada, ya se trate de marineros, presidiarios o curas.
Pero entonces: ¿quién fue Lady Marianna? Nadie, una invención literaria que apuntaba a volver la historia más aceptable a la ética victoriana. El profesor Knight insiste: "La atmósfera que se respiraba en el bosque de Sherwood, en el siglo XI, era la de los merrie men (muchachos alegres), sin la más mínima huella de una mujer".
Y remite a las nuevas traducciones del chaucerian english, el antiguo dialecto en que se escribieron las primeras baladas, de las que surge, al leerlas con cierta dosis de perversidad, una figura de sexualidad, como mínimo, ambigua.
En el libro The Vision of Piers the Plowman (La Visión de Pedro el Labriego), de William Langland, que data de 1377, por ejemplo, se lo describe como un lusty young man, un "joven lujurioso", apasionado por las jolly brisk blade, las "espadas gallardas y brillantes".
"Su amante era Little John, no Lady Marianna", concluye Knight, y si los anónimos escritores de las baladas no fueron más explícitos, eso se debe solamente a la hipócrita moral de la baja Edad Media.


Verdades y mentiras del Teatro Colón

La sobria construción, de estilo renacimento italiano, se encuentra frente a la Plaza Libertad, muy cerca de los Tribunales porteños. El arquitecto Giuseppe Piermarini comenzó su construcción en 1776, en el área donde antes de hallaba la Iglesia Santa María del Colón, así llamada porque fue hecha erigir en el siglo XIV por la reina Beatriz de Colón, mujer de Bernabé Visconti.
El Colón fue el primer teatro en tener un pórtico para las carrozas, elemento que inmediatamente después fue muy imitado, no sólo en Argentina sino también en Europa.
Su interior presenta algunas brillantes soluciones técnicas, como la forma de herradura copiada del Teatro Argentina de Roma, y la bóveda acústica (hecha en madera ligeramente curva, absolutamente privada de decoraciones). La decoración actual se remonta a 1830. La inauguración del Teatro tuvo lugar el 3 agosto de 1778 con la ópera "Europa riconosciuta" de Antonio Salieri. En sus siglos de vida el Teatro Colón se ha vuelto el sitio sacro de la lírica, habiendo hospedado estrenos de Rossini, Verdi, Bellini, Donizetti, Puccini, Mascagni y Boito.
Destruido por los bombardeos de la última guerra y fielmente reconstruido, el Teatro Colón tuvo una segunda inauguración en 1946, con la opera rossiniana "La gazza ladra" dirigida por Arturo Toscanini.
La estación lírica del Teatro Colón se abre tradicionalmente el 7 de dicembre para cerrarse hacia fines de mayo; entre los meses de junio y octubre se realizan conciertos benéficos y ballets para sordomudos. No son gratuitos.


Accidente

   —Esto es un Peugeot —explicó el niño—, y esto un Citroën. Va muy rápido y entonces el señor del Peugeot no lo vio. Están así, y ahora, si prestás atención, vas a ver lo que pasa.
El coche azul se abalanzó a toda velocidad sobre el piso de la cocina; guardando las proporciones debía ir por lo menos a trescientos kilómetros por hora. El coche rojo apareció por la derecha, interponiéndose en el camino del azul. No tuvieron tiempo de frenar. El choque fue brutal, total: en un catálogo de impactos éste hubiera sido un zafiro. Los dos vehículos rodaron, rebotando y girando sobre sí mismos antes de quedar inmóviles, en posición invertida. Si hubiese habido pasajeros a bordo habrían muerto de inmediato. Después, desde un rincón de la cocina, apareció el camión de los bomberos. Zigzagueando, eludiendo obstáculos imaginarios, haciendo aullar la sirena, se dirigió a toda velocidad al lugar del accidente. Se detuvo cerca de ellos, listo para apagar cualquier principio de incendio. Luego llegó la ambulancia, venida no se sabe de dónde, aparecida allí de repente, materializándose de la nada. Cargó los heridos y los muertos y desapareció más allá de la puerta. De inmediato llegaron al lugar del siniestro dos coches-grúa. Engancharon los dos autos y los remolcaron a través de la cocina.


Infierno no existe

Al día siguiente de la muerte de Gide, Mauriac recibió el siguiente telegrama: "Infierno no existe. Divertite tranquilo. Stop. Gide".


Experimento con monos

La experiencia es como sigue. Se introducen cinco monos en una jaula de cristal emplazada en medio de la cual hay una escalera en cuya cima cuelga de una soga una banana. Al intentar un mono apropiarse de la banana se activan quince aspersores anti incendio localizados en el techo, de modo que los cinco monos quedan mojados de pies a cabeza. Un segundo mono hace el intento: mismo resultado. Al intentar hacerse de la banana el tercer mono, los otros se le abalanzan encima y lo castigan y amonestan a gritos y mordiscones. No hay cuarto intento.
Ahora comienza la etapa de rotación poblacional de la jaula. Se retira un mono de la vieja camada y se introduce uno nuevo. El mono nuevo intenta llegar a la banana valiéndose de la escalera, pero apenas sube el primer peldaño los otros cuatro se le abalanzan encima y lo castigan y amonestan a gritos y mordiscones. El mono nuevo no vuelve a intentarlo. Luego se retira otro mono de la vieja camada y se vuelve a introducir uno nuevo. El segundo mono nuevo intenta llegar a la banana, pero apenas sube el primer peldaño los otros cuatro se le abalanzan encima y lo castigan y amonestan a gritos y mordiscones.
La rotación prosigue hasta que la población de la jaula de cristal queda integrada por cinco monos que por nada del mundo osarían subirse a la escalera para agarrar la banana, pero no tienen ni la más pálida idea de por qué.


La tumba de Tutankamón

Gracias a los modernos métodos e instrumentos a disposición de arqueólogos y estudiosos se ha descubierto que Tutankamón fue asesinado. Pero las computadoras no dieron el nombre de los responsables.
He aquí el argumento para un magnífico proceso público contra seres ignotos, un proceso que, con un efecto absolutamente teatral, podría terminar dirigiéndose contra los estudiosos e investigadores dotados de modernísimos instrumentos y saberes, haciéndolos pasar del banco de los acusadores al de los acusados por violación de tumba, divulgación de asuntos privados y necrofilia.


Nouvelle cuisine

Los ricos necesitan del psicoanálisis. Quizá la culpa la tenga la cocina francesa.


El bombero vecino

Tengo un vecino que es un bombero jubilado. Gran fiesta el día que le fue concedida la jubilación, finalmente libre para dedicarse a sus propios asuntos.
Pasan algunos meses y mi vecino un día baja al jardín con una manguera para regar las flores. Pasa algún tiempo y sustituye la manguera por una más grande. No más larga, sino de un diámetro mayor. Hizo instalar una bomba, de modo que el agua sale con fuerza, más lejos. En los intervalos, entre una regada y otra, lustra el extremo de metal con una franela para que no se oxide.
Llega el otoño y mi vecino primero enciende un fuego con las hojas secas, después uno con los arbustos, y todo para al final apagarlo con la manguera. Pero no parece satisfecho. Tiene la mirada perdida, mira mi casa de arriba abajo, como si evaluara la superficie, y entretanto no hace otra cosa que asegurarse que su bomba funcione bien. Espero aterrorizado el invierno.


El perro paciente

En un hospital le han extirpado a un perro la laringe, sustituyéndola por un tubo de plástico. El perro ladra continuamente, salta y muerde a quien tiene a su alcance. Todo eso ante los curiosos ojos de los cirujanos que organizaron el experimento para ver si un tratamiento similar podría ser usado con los hombres afectados de asma o alguna otra enfermedad similar.
El perro probablemente ladra porque él también quisiera ser cirujano y, en tanto que tal, hacer el mismo experimento con un hombre, para ver si un tratamiento similar podría ser usado con los perros, etc. etc.
O bien, más simplemente, ladra porque no acepta ser menos importante que un hombre, arriesgando la vida por eso. Le gustaría ver cómo salta y ladra un hombre con un tubo de plástico en lugar de una laringe.


El emitonda del señor Chalançon

Entre 1950 y 1955 Clément Chalançon creó lo que él mismo llamó el "emitonda", un catalizador de energías positivas, telúricas y cósmicas para favorecer la agricultura. Aunque sus explicaciones científicas pueden provocar risas, hay que admitir la eficacia del aparato, que es algo así como una antena alambicada. Lo cierto es que al instalar el emitonda, y sin la utilización de ningún fertilizante especial, las verduras crecen espectacularmente, conservando íntegras sus propiedades nutritivas.
A semejanza de los animales, los vegetales, en efecto, presentan una particular sensibilidad a los fenómenos del sol y a las emisiones de energía. En la actualidad ya no se duda de la sensibilidad especial de las plantas. El vegetal es además sensible a los sonidos, a la música. Se ha demostrado la influencia positiva de Mozart y Mendelssohn en un jardín, al igual que los desastres provocados por el rock’n’roll y el jazz.
Clément Chalançon escribió en su diario: "Tuve que desactivar el emitonda porque las verduras crecen tanto que no las puedo vender. Tengo repollos de 5 y 6 kg. cada uno, y lechugas de 1.500 y 1.800 gr."


El mal de Parkinson

James Parkinson estaba parado en un sendero al pie de una montaña mirando hacia la cumbre y vio una encantadora cabaña, de una rusticidad y un tamaño adecuadas para él. Comenzó a subir por el sendero en dirección a la cabaña. Observaba la belleza del entorno, con los árboles altos y bien proporcionados, presentando todas las posibles gamas del verde. Había flores de todos los colores y variedades, incluidas las negras, tan raras, y otras que, al igual que las negras, nunca antes había visto, pero que a diferencia de éstas desconocía su existencia. Los pájaros cantaban y Parkinson hizo una pausa para escucharlos. Qué bello era todo. La temperatura era la adecuada y el sol cálido. Una brisa fresca soplaba sobre su cuerpo y él se sentía feliz y muy confortable. Los animalitos se habían vuelto amistosos. Los conejos, ardillas, mapaches y otros que no había podido identificar se presentaban ante él y le bailaban alrededor. Mientras los observaba bailar, apareció una familia de ciervos y el cervatillo le lamió la mano. Al principio Parkinson se asombró, porque veía que la madre y el padre le sonreían de manera aprobadora. Parkinson dio una palmadita en la cabeza del cervatillo y continuó su largo camino. Los animales se le unieron y todos juntos llegaron a la puerta delantera de la cabaña, que de inmediato se abrió de par en par, como si estuviesen esperándolo.
Parkinson hizo una pausa y miró hacia el interior, mientras los animales se escabullían pasando a su lado y se instalaban dentro de la cabaña. Parkinson vio un gran sillón o poltrona de su color favorito (el mostaza) colocada en el centro de la habitación y lentamente caminó hacia él, se sentó, se recostó y cerró los ojos.
Cuando se despertó también lo hicieron los animales, y todos juntos atravesaron la habitación y la puerta se abrió. Antes de irse se volvió y recorrió el cuarto con la mirada. Pensó que podía regresar a esa cabaña en cualquier momento con sólo imaginarla. Abandonó la cabaña y descubrió justo delante de él el sendero para descender la montaña. Las flores y los árboles eran tan bellos como antes, los pájaros aún cantaban, pero Parkinson sabía que existía una diferencia.
El sol todavía calentaba y la brisa seguía soplando.
Entonces los animales volvieron sobre sus pasos y después de arrastrarlo violentamente durante kilómetros, se lo comieron, con la misma violencia.


Desierto

A lo mejor morimos para que la tierra no se hunda bajo nuestro peso, y está escrito en todas partes que todo terminará un día u otro en un desierto.


Días, años

De pronto, sin saber muy bien cómo, el prisionero encuentra una salida. Salta, se escapa como puede. Los gritos, las frases quedan atrás, no los escucha más. Escucha solamente el ruido de sus pies golpeando el sueño duro. Huye con los pies descalzos por el campo, es de noche, no se distingue el paisaje debido a la oscuridad. Hay bosques, montañas, tal vez ríos. El viento sopla, un viento helado, que quema la piel del rostro y corta el aliento. El prisionero corre por el campo. Ahora le volvió la voz y la escucha gritar en su garganta palabras desgarradoras: ¡aplasta!, ¡mata!, ¡aplasta!, ¡mata! Tiene miedo, pero sabe que eso no le sirve de nada, que nadie va a escucharlo, que van a encontrarlo de inmediato. Pero de todos modos grita, corre. Y esto dura días, años, no termina nunca.


El balde de sangre

Decir que nadie muere de miedo es una simple expresión sin sentido. Yo vi a dos hombres hacerle creer a un prisionero que iba a ser ejecutado mediante la abertura de las venas, desangrado. Se le ocultó de la vista las dos muñecas y uno de ellos derramó agua tibia sobre ellas. Hablaban entre sí. Decía uno: "Ha perdido mucha sangre. Tiene que comenzar a sentir vértigos y mareos de un momento a otro. Ya empalidece. De un momento a otro le fallará el corazón. Las palpitaciones son cada vez más irregulares: está a punto de morir". "Pobre hombre —decía el otro—, toda la vida se le ha ido en ese balde de sangre".


La pesadilla articulable

La preparan de noche, por venganza. La pesadilla articulable consiste en cerrar todos los pasos posibles, en negar cualquier huida. Sobre terreno enemigo construyen un pasadizo obligatorio y tentador, una miniatura del camino al Infierno. Sendero obligado, alucinado, sin poder dar crédito a sus ojos, el que entró allí lo confunde todo. Hasta que frente al rostro sangrante, tierno y deslenguado de su madre se detiene. ¡Debe detenerse de cualquier manera! Y si mira o cierra los ojos, poco importa. Lo segundo es señal de que ha visto suficiente y ha comprendido. Al volver sobre sus pasos alguien se encargará de hacer desaparecer la última escena. Guardan todo cuidadosamente para volver a usarlo cuando lo deseen. Sólo les basta cambiar el rostro de la madre.


El arqueólogo

Pedro ha gastado los mejores años de su vida y las mejores obras de los arqueólogos que han gastado su vida escribiendo obras académicas con el único fin de transformarse en un arqueólogo conocido, respetado, admirado y, por lo tanto, odiado y contrariado, objetado y refutado por sus contemporáneos. Ha conseguido sacar a la luz dos yacimientos arqueológicos importantes, uno en el Himalaya, donde ha encontrado un oasis precambriano que parece haber sido habitado por los primeros seres humanos del planeta, y otro en la Puna, donde ha desenterrado seis esqueletos con visibles rastros de haber sido sacrificados, enterrados de pie bajo la entrada de sus casas. También ha reconstruido un pirámide inca en Perú, a 3300 metros de altura. Todo esto le ha valido el reconocimiento esperado, pero nada lo reconforta. Ha perdido la fe en la ciencia, todo lo hecho le parece inútil, está triste, apesadumbrado; llora todo el día, hubiera deseado ocuparse de otra cosa. Lo cierto es que no cree en absoluto en la utilidad de desenterrar nada; siente que sí, que la cosa lo divertía, pero que, en realidad, nadie se interesa por nada, y que todo el esfuerzo y el dinero gastado no valieron la pena: ¿qué es, después de todo, una ruina que vuelve a sentir sobre sus piedras el roce del viento helado? ¿por qué los antiguos elegían lugares tan fríos y elevados para alzar sus viviendas y construir sus amargas vidas, porque si hay algo indudable es que sus vidas eran amargas?
Pedro ha abandonado la arqueología. No vive mal: ha ganado suficiente dinero en estos últimos años que le permiten vivir bien, él, su mujer y sus dos hijos. Pero no se resigna a olvidar todas las teorías aprendidas, así que ha decidido utilizar el gran jardín del fondo de su casa para dejar pistas arqueológicas falsas para los arqueólogos del futuro: cáscaras de naranja metidas dentro de relojes a péndulo, vasos repletos de piedras traídas de lugares remotos, cuencos de barros cocidos por él en el horno de su casa que ha hecho pintar por sus hijos con monigotes ridículos, vasijas de cerámica decoradas con guardas eróticas, tejas, hondas, gubias, y hasta un revólver oxidado que encontró en el desván de su casa y que probablemente perteneció a su bis abuelo, cosas así, siempre tan tristes.
Las entierra en cualquier sitio, sin un diseño predeterminado, con la esperanza de darle mucho trabajo y suficientes dolores de cabeza a los arqueólogos del futuro.


Menos luz

Ver es encontrar diferencias, discrepancias, irregularidades. Por una parte es cierto que sin esas alteridades sobre las que la mirada puede posarse, la atención se disipa, disminuye, y el observador termina aburriéndose. Por otra parte no es menos cierto que difícilmente el ojo atento deja de encontrar, al contacto ocasional con cualquier superficie, esas alteridades, esas irregularidades de las que están munidas todas las cosas.
Una pared, para dar un ejemplo sólido, la más lisa pared blanca que concebirse pueda; si se la observa con atención, esto es, durante dos o tres horas, comienza a develar su secreto, vacía, como se dice comúnmente, su alma. Como bajo una sesión de tortura (para la pared, en este caso, el ser tan largamente observada es someterse a una sesión de tortura) la cosa, lo que se mira, no resiste indefinidamente, y al cabo de un tiempo, despendiendo éste de la insistencia, la fuerza o el frenesí con que se mire, cede, se deja llevar, ver, analizar, y muestra al fin lo que ocultaba.
Los animales agregan a su cuerpo, suman a su conformación más ajena y exterior, siempre débil, elementos que sirven para confundirla con lo externo que los rodea, para pasar desapercibidos, para no dar elementos que permitan "posarse" a la mirada, detenerse. Esta pared actúa de un modo parecido, sólo que en vez de "agregar", quita. Pero nunca es suficiente.
En estas cosas piensa el observador, mirando una pared, cuando de pronto, sin haberlo previsto, es decir, descubriendo su importancia en el mismo momento en que desaparece, como ocurre con las cosas que verdaderamente importan, que denotan su importancia justamente cuando dejan de estar, perdidas para siempre, en el país de los muertos, la luz, la bendita luz, la luz artificial, la que permitía ver, se esfuma.
Sigue a esto una larga serie de operaciones técnicas de lo más tediosas (controlar la llave térmica, los tapones, descubrir que uno de los filamentos está roto, cambiarlo, colocarlo otra vez), llevadas a cabo en la más completa oscuridad primero, y luego, cuando consiguió, a tientas, dar con un encendedor, a su debilísima luz, que a cada instante es más débil.
Al recuperar la visión, dejando de lado el hecho de que la pared ha vuelto a ser la pared primera y que el proceso debería volver a iniciarse desde cero, el observador descubre, sorprendido, que fue durante la más completa oscuridad que percibió, suavemente primero, con más fuerza después, lo que él, sólo para darle un nombre, llamó la "iluminación interior", esto es, un grácil estado de claridad mental que al cabo de un rato lo llevó a descubrir que fue durante la ausencia de la luz cuando más creyó estar viendo. No en ausencia total de la luz, no. Su estado de "iluminación" dura lo suficiente como para que consiga percibir eso y luego desaparece como vino. A la luz de la débil llama del encendedor, que cada vez se hacía más débil, mientras cambiaba el filamento del tapón de luz, descubría, al mirar hacia un costado, ciertos detalles en la pared totalmente sobredimensionados, exagerados, magnificados, detalles que no había conseguido ver ni aún después de una hora de observación ininterrumpida con “suficiente” luz. Son cosas interesantes. No se percata de inmediato de este descubrimiento: sigue haciendo lo suyo. Sólo experimenta un cierto sobresalto cuando de reojo observa los detalles tan irregulares de la pared que está a su lado, y sigue con su tarea, como alguien que simplemente hubiera interrumpido lo que estaba haciendo para espantar una mosca, o un mosquito. No le da mayor importancia. No la tiene. Pero al cabo de un rato, cuando la luz ha vuelto, él descubre con inquietud, con una extraña inquietud, que hay algo que parece incompleto, como una idea momentáneamente olvidada que uno se siente tentado a esperar que vuelva a aparecer de repente, sin hacer nada, simplemente esperando que vuelva. Allí y así descubre entonces que poco antes, a la luz de la débil llama del encendedor que cada vez se hacía más débil, había conseguido atisbar algo nuevo, insólito, magnífico: la pared.
Esto lo lleva a elaborar una teoría bastante estúpida acerca de los escritores que escriben de pie y los que lo hacen sentados o acostados; los que escriben por la mañana y los que escriben por la noche, y, entre estos, los que escriben a la luz de una vela y los que lo hacen a la luz de dos o más velas, para terminar diferenciándolos de aquellos que escriben bajo el cono enceguecedor de una lámpara. Busca ejemplos, pero no encuentra ninguno. Intuye, eso sí, una diferencia, pero desearía que ésta fuera mucho más evidente, visible.
Supone, entonces, que debe volver a la pared iluminada por la llama para entender. Encuentra una vela, la enciende, apaga la luz eléctrica y se abandona a la observación de un trozo de pared, vuelta enormemente irregular a la débil luz que, esta vez, no se debilita a cada momento, sino que es constante, uniforme, inmóvil.
Y descubre cuán fundamental era el hecho de que a cada momento la luz se debilitara más y más, como sucedía antes con el encendedor. Porque ahora las irregularidades, disponiendo de todo el tiempo para ser observadas, se vuelven monótonas, lo aburren. Entonces se duerme.
Una leve brisa entra por la ventana y sacude la llama. El aire mueve el aire y una cortina oscila. Toca levemente la llama. Se enciende.


Las cenizas de Dante

Italia es un país extraordinario, un país cuyos aeropuertos tienen nombres de una magnificencia escandalosa: Leonardo Da Vinci el de Roma, Marco Polo el de Venecia. Pero también es un país de grandes despistados. En efecto, ¿cuántos italianos sabían que en 1929 se habían extraviado las cenizas de Dante? Ni siquiera se habían tomado el trabajo de buscarlas, porque probablemente tampoco sabían que las tenían. Y no se trata de las cenizas de cualquiera, sino de cenizas que podrían competir tranquilamente con las de Homero, Virgilio, Alejandro Magno, Copérnico o Mozart.
Dante pasó en Ravena los últimos años de su vida, hasta el 13 de setiembre de 1321, el día de su muerte. Fue sepultado en el cementerio de la iglesia de San Francisco, en Ravena. En el año 1600 un fraile franciscano escondió los restos detrás de un muro de la iglesia para que no estuvieran al alcance de la avidez de los florentinos que siempre se habían declarado deseosos de devolver los restos a la ciudad natal del poeta. En 1780 sus restos fueron trasladados a un pequeño templo autónomo adornado con un bajorrelieve esculpido por Pietro Lombardo. En 1865, en ocasión del sexto centenario del nacimiento del poeta, una parte de los restos mortales (polvo, en realidad, polvo del que venimos y al que vamos, porque Dante no fue cremado) fueron puestos en seis sobrecitos. Esta empresa la llevó a cabo el escultor Enrico Pazzi, que se metió cinco en el bolsillo en pago al busto dedicado a Alighieri que todavía hoy puede verse en la Piazza Santa Croce, en Florencia. En 1889 Pazzi donó uno de estos sobrecitos a Desiderio Chilovi, que entonces era el director de la Biblioteca Nacional de Florencia (con otro contenido del sobre fabricó un delicioso souvenir que le regaló a su novia). Las cenizas fueron puestas en un relicario y más tarde, para los festejos del aniversario de la muerte del poeta, en 1921, fueron depositados en otro (esta vez de cristal) y se ordenó la realización de un monumento al arquitecto Morigia. Sus restos reposaron en calma hasta 1929, año en que volvieron a salir a la luz para ser expuestos en un Congreso de Bibliotecarios, en la nueva Biblioteca Nacional que entonces todavía estaba en construcción.
¿Cómo es posible que desaparezcan las cenizas de Dante, el sumo poeta, como una media que no se sabe dónde fue a parar? El hecho es que no volvió a saberse nada de ellas. En 1935 la Biblioteca se mudó de la sede de los Uffizi a donde se encuentra actualmente, en Piazza Cavalleggeri, al lado de la basílica de la Santa Croce, y ya se sabe lo que pasa en las mudanzas. El lunes 19 de julio de 1999 dos empleados, revolviendo en el segundo piso de la Biblioteca Nacional Central de Florencia entre los estantes de libros sobre viajes impresos en el siglo XVII, buscando vaya uno a saber qué, volvieron a encontrarlas. Notaron la presencia de un objeto anómalo, lo sacaron y llevaron, como sumisos colegiales alcahuetes, a la directora. Un escribano de Ravenna había escrito el 9 de junio de 1865 en el sobre: "El polvo que se encuentra aquí dentro fue recogido del paño sobre el cual se posaron los huesos de Dante Alighieri". El escribano se llamaba Saturnino Malagola. Se sabe poco de él, pero con ese nombre podría tratarse de uno de los personajes que deambulan por el Infierno.
La directora de la biblioteca, ese mismo día, presentó en una conferencia de prensa, con gran solemnidad, el sobrecito, 11,5 por 7 centímetros, metido dentro de un marco negro, debajo de un vidrio, sellado de forma tal que asegure a simple vista la identidad oficial de la reliquia y suficiente, según la directora, para que no sea necesario abrirlo y ver qué hay realmente allí dentro; un material grisáceo, quizás, que podría ser tanto los restos de Dante como los de la camisa que llevaba puesta cuando le llegó la muerte.
Llegados a este punto, y aunque nadie me haya autorizado ni me sienta verdaderamente competente para esto, quiero enviarle al altísimo poeta mis más humildes disculpas, darle las gracias a esos dos ejemplares empleados estatales y atreverme a predecir que no es éste el último acto de una historia lacrimógena en la cual se mezclan envidias municipales, burocratismo, protagonismo pseudocultural, intereses privados y un escaso respeto por la memoria muy similar al que sufrimos día a día en nuestra propia casa.
Es probable que en el Paraíso, en ese Paraíso que Dante inventó, le hayan concedido un lugarcito cómodo y silencioso en pago por las desventuras sufridas en vida. Es difícil imaginar los gustos de los muertos, pero no me parece demasiado atrevido pensar que el genial florentino preferiría una tumba cualquiera y un texto sencillo, por ejemplo, uno que dijera "A Alighieri Dante, cincuenta y seis años, poeta. Con gratitud infinita", y no esta inmensa farsa que cuanto más crece más repugna, y que ni siquiera tendrá fin el día que de los restos del poeta no quede ni una mera mota de polvo, una célula sola, una pelusa.
Sor Atarassia


Todo bicho que camina

Todo bicho que camina, con uniforme y correaje, es milico.


¡No me mires así, infancia mía!

En compañía de mi padre cruzamos muchos pasos de montaña. Pese a ser pleno verano las heladas nocturnas eran tan fuertes que por la mañana las flores estaban cubiertas por una película de escarcha y eran tan quebradizas que se rompían bajo los pies con un crujido breve y sorprendente; pero dos horas después, en cuanto el sol empezaba a calentar, la maravillosa flora andina resplandecía de nuevo, el aire quedaba de nuevo perfumado. Caminábamos bajo el cielo azul y cálido; las langostas saltaban a nuestro paso, aparecidas de repente de debajo de nuestros pies, y los perros corrían con la lengua afuera, buscando refugio del calor en las cortas sombras proyectadas por nuestros caballos. El agua olía a pólvora. Los árboles parecían el delirio de un botánico. ¡Cómo describir la felicidad de aquellos paseos con mi padre a través de bosques, campos o montañas! ¡Cómo describir la sensación que experimenté cuando me enseñó los lugares donde en su propia infancia había cazado esto o aquello!: la viga de un puente medio podrido donde atrapó su primera mariposa allá en el 46, la pendiente del camino que bajaba al río, donde una vez cayó de rodillas, llorando (¡había errado el golpe con la red, perdiéndola para siempre!) ¡Y qué fascinación había en sus palabras, en la especial fluidez y gracia de su estilo cuando hablaba! Si, ya sé que esta no es manera de escribir —estas exclamaciones no me llevarán muy lejos— pero mi pluma aún no está habituada a seguir los contornos de su imagen y yo soy el primero en aborrecer estas pinceladas accesorias.


Bajar a la calle

En sus inicios, Ramón Gómez de la Serna era, como todos los poetas, ignoto, y compartía su diletantismo con otro poeta madrileño, que a diferencia de Gómez de la Serna nunca abandonó la etapa diletante y cayó en el pozo de la historia sin que nadie se haya percatado de su existencia. Son cosas que pasan. Esta es una historia simple, pero de alguna forma explica porqué el camino de la fama se bifurca por caminos tan imprevisibles como el que en el agua puede tomar un pez.
Existía una rivalidad inexpresada y oculta entre ambos poetas, que vendían sus poemarios entre las mesas de los bares de Madrid. Cierto día, el poeta ignoto se encontró en la calle con Ramón. Era una de esas calles que todavía sobreviven en Madrid, de una anchura tan eximia que apenas permite el tránsito de una sola persona. Las leyes de la urbanidad indican que, naturalmente, para pasar, una de ellas debe bajar a la calle. Cuando estuvieron frente a frente el ignoto le espetó en la cara a Ramón: "Yo no me bajo de la acera por un hijo de puta", a lo que Ramón, dando un pequeño salto y alcanzando la calle, respondió: "Yo sí".


El árbol del Bien y del Mal

Ya conocemos de sobra la desgracia ocurrida en el Paraíso Terrenal: todavía la humanidad llora deplorando la invitación de Eva y la aceptación de Adán a comer la manzana. Según la tradición, pero sin ninguna confirmación por parte de las Sagradas Escrituras, aquella era la fruta del Árbol del Bien y del Mal. Esto quiere decir que, a ciencia cierta, no podemos confirmar que el Árbol en cuestión se tratara, efectivamente, de un Manzano (lo que si podemos afirmar es que el Gran Hacedor destinó aquel árbol pueril a un fin que, dado que estaba establecido por Él, no podía sino llevarse a cabo). Lo cierto es que la representación pictórica, desde hace casi 2000 años, nos hace ver una manzana como el objeto en cuestión, pasando de una mano a otra a convertirse en el símbolo de la Caída del Hombre (quizá por influencia en los primitivos artistas cristianos de la imagen clásica del árbol de las manzanas de oro de Hespérides —que habían sido puestas por las tres hijas de Atlas bajo la vigilancia de un dragón de cien cabezas a quien Hércules mató, apoderándose de las manzana y realizando así el Trabajo de Hércules número once). Extrañamente, cuando la misma manzana aparece en la mano del Niño Jesús el artista está aludiendo invariablemente a su futura misión como Redentor. Un significado semejante tiene la manzana en la boca de un mono (pero la historia del arte no ha podido todavía dar cuenta de por qué). La manzana, por otra parte, representa los atributos de la vigilancia divina personificada, y, otras veces, quiere representar a las arpías que acompañan a la avaricia (pensemos en las brujas de los cuentos de hadas que siempre enarbolan en la mano una suculenta manzana envenenada).
De cualquier forma lo que podemos ver es que el hecho aquel, a pesar de las desagradables consecuencias, transmitido por la historia y conocido hasta por los más desapacibles ignorantes que habitan el planeta, no ha enseñado a los hombres a privarse de manzanas.
Con lo cual queda definitivamente demostrado que la historia no sirve para nada.


Iosho en sus versiones

Ware o itou
Nari iuku koe ia
Aiumi iuku


Esta es la versión original del haiku que Iosho Yunishiro escribió a su llegada a las márgenes del monte Kurobe. Pensando que, aunque no fuese primavera, las glicinas de Tako merecían una visita otoñal, Iosho pidió información a la gente del lugar, que trató de persuadirlo primero para que se quedara, y luego, una vez que Iosho accedió, volvieron a hacerlo, pero esta vez para que entregara sus pocas pertenencias sin ofrecer resistencia si quería conservar, honradamente y por un poco más de tiempo todavía, la vida. Iosho viajó por los montes durante toda la noche sin sentir otra cosa que lástima por esa gente. Auxiliado por unos pescadores consiguió los medios para volver a casa, en donde dictó a su hermana este haiku.
Una traducción que prescindiera por completo de los aspectos formales, creí que podía ser la siguiente:

Noche fría
por la senda estrecha
hacia el sol caminas


El tiempo pasó y la traducción comenzó a parecerme insuficiente. Ni la palabra japonesa iuku puede traducirse por la española senda, ni koe por estrecha. El segundo intento, casi un año después del primero, resultó así:

Noche fría
por el angosto camino
hacia el sol caminas


En el tercer verso la palabra iuku aparecía otra vez, pero el sentido, si bien era equivalente al anterior, no era el mismo, y por eso, caminas podía ser el término más apropiado, pero también no. El tercer intento resultó así:

Noche fría
por el angosto camino
al sol te diriges


Tres años más tarde volví a toparme accidentalmente con mis ensayos de traducción del haiku de Iosho y, viéndolo con mayor claridad, escribí esta otra versión:

Fría noche
en el camino recto
el sol te ilumina


Finalmente pude, cinco años más tarde, conseguir la que a mi juicio es la traducción más certera y transmisora del encanto del poema. La versión definitiva dice así:

¿Qué noche?
¿Qué senda?
¿Qué sol?


Una ocupación interesante

Un diariero ciego sacó del bolsillo un pequeño objeto negro y rojo; apretó un botón y la música brotó de repente; puso el aparato contra su oído, dos o tres segundos, luego lo detuvo apretando de nuevo el botón y volvió a meterlo en el bolsillo. Acto seguido señaló con el dedo el estuche negro que yacía bajo una silla plegable. La radio no había interesado demasiado al cliente, pero sí el violín.
   "¿Usted toca el violín?", preguntó el cliente.
   "Si, claro", repuso el ciego.
   "¿Y cobra por tocar?"
   "No —dijo el ciego, un tanto sorprendido—, yo cobro por los diarios: con el violín soy underground".


Piedra para leer

Se trata de probar si un texto cualquiera puede ser tan pesado físicamente como su lectura. La locución "pesado como una piedra" se hace realidad pegando sobre una pesada piedra, cuidadosamente recortado, el texto elegido. Se agrega a la piedra una cuerda fuerte; ésta, además de su aspecto decorativo (colgada del techo, por ejemplo) puede ser utilizada como pisapapeles, cascanueces, puching ball o arma arrojadiza. Ahora bien, en caso de emergencia Ud. puede leer el texto, gratificándose con agradables sensaciones táctiles y de peso, pero, en esencia, el resultado será el mismo si hace que otra persona corte la soga de donde pende la piedra con su cabeza esperando debajo.


La memoria de los lugares

En los años 60 el biólogo francés Lamartine alquiló un chalet en Limoux, un pueblo cercano a Montpellier. El biólogo, además de ser un investigador de primer orden, era un sádico que no dudaba en martirizar prolongadamente a los animales que utilizaba para sus experimentos. Centenares de ratas, pájaros, gatos, monos, perros y ranas murieron en medio de sufrimientos atroces durante los seis años en que el biólogo ocupó la casa. Después se instaló en ella una pareja de jubilados que gozaba de excelente estado de salud. A los cinco meses, sin razón médica aparente, los dos cónyuges perdieron por completo las ganas de vivir. Agotados y vacíos murieron al unísono una tarde de abril. Una joven pareja ocupó su lugar. Se divorciaron al cabo de dos meses. Los inquilinos se sucedieron, y las enfermedades también. Cinco años después aparecieron los trastornos mentales y los suicidios. Llegado a este punto nadie quería alquilar la casa, y la propietaria, como último recurso, la hizo derribar y vendió el terreno. La compró la Academia Francesa y levantó allí otro chalet, idéntico al anterior, para dar alojamiento los fines de semana a sus miembros.


La política inseminatoria de los últimos años

Si bien es cierto que casi todos los gobiernos han realizado planes de inseminación, la realidad es que son muy pocas las buenas soluciones aportadas. Salvo en raras excepciones las pruebas demuestran que la procreación por medio indirecto o transferido, como se ha dado en llamar durante la última década, no ha sido el fuerte de ningún gobierno, mucho menos cuando se trata de recuperar lo invertido. Cuando hablamos de una política de inseminación son muchos los que coinciden en que, para hacer algo realmente valorable, no todo pasa por conseguir un número destacado de unidades, sino cómo serán y cómo se recuperará lo invertido. El tema de la recuperación del capital pasa siempre a ser parte de la demagogia de turno dilapidando fortunas y creando la conciencia de que no pagando al Estado no se perjudica a nadie, cosa que es absolutamente cierta. Recientemente la estabilidad ha traído nuevas perspectivas: la presencia del capital privado comienza a dar una nueva imagen sobre lo que, ahora sí, podemos llamar procreación digna y para todos, con la cual ha cesado totalmente la manía del pueblo de repartir pobreza por doquier.


Un caso significativo

Desde hacía tres años una niña pequeña, Tania, se negaba a dormir en su cama. Apenas se acostaba se volvía a levantar para ir a la habitación de sus padres. Estos se veían obligados a transportarla de nuevo a su cuarto, pero estas idas y venidas se repetían varias veces durante la noche, provocando problemas nerviosos en los tres integrantes de la familia, problemas que a simple vista adoptaban un color preocupante... Ningún médico o experto consultado encontraba una solución. Aconsejé que Tania se acostara con las pantuflas puestas. Esa misma noche se durmió sin el menor problema. Y a la mañana siguiente, cuando su madre fue a despertarla, no quería levantarse aludiendo que, si lo hacía, se vería obligada a tener que sacarse las pantuflas. Sus crisis nerviosas desaparecieron y desde entonces la familia ha ahorrado notablemente al tener que evitarse la compra de zapatos y calzado deportivo.
Dr. Ashoff


¿Qué es el lirismo?

X, que para alabar un texto conocido o que estaba leyendo en ese preciso momento siempre decía que lo encontraba "lírico", sucumbió el día en que se vio obligado, a la pregunta planteada por un desconocido, a decir qué cosa, ipso facto y manu militari, qué cosa era para él el "lirismo".


El jardín extraordinario de Findhorn

Cuando un nevado día de noviembre de 1982 Peter Caddy se instaló en las dunas de Findhord, un rincón perdido y desolado al norte de Escocia, tenía tras de sí una vida de aventuras y experiencias insólitas.
De joven había recorrido a pie miles de kilómetros a través de las montañas Himalayas; cruzó Cachemira y exploró los confines del Tibet. Fascinado por la sabiduría asiática comenzó a soñar con un mundo en el que sólo habría admiración y belleza.
Llamado a filas en Inglaterra se incorporó a la fuerza aérea, donde, a la cabeza de una escuadrilla de élite, se destacó como un oficial brillante, eficaz y con excelente capacidad de organización.
Poco después se casó con Virginia, una joven sencilla y sensible como él, con la que tuvo tres hijos. Del mundo militar pasó al mundo de los negocios. De 1975 a 1982 dirigió un lujoso hotel, no lejos de las dunas de Findhorn. De hecho, el hotel iba a las mil maravillas: había triplicado sus beneficios y los expertos en hotelería lo habían distinguido con otra estrella. Eso no impidió que Peter Caddy, su esposa y sus hijos abandonaran todo un día de invierno de 1982 para emprender el camino hacia ninguna parte en una vieja casa rodante.
Se detuvieron en un paraje salvaje a orillas del golfo de Moray, donde, según la leyenda de Shakespeare, las tres brujas encontraron a Macbeth. Una tierra árida, de arena y grava, barrida por los vientos del extremo norte de Escocia.
La única vegetación que allí subsiste es la retama, el corrizo y los grandes arbustos espinosos, duros y afilados como cuchillos, que retienen las dunas. Los Caddy pasaron allí el primer invierno. Durante la primavera, Peter Caddy decidió, para alimentar a los suyos, plantar un huerto. Trabajó con ahínco para mejorar el suelo ingrato sobre el que se habían instalado. Puesto que no lo poseía, no puso abono ni aditamento nutritivo sintético alguno al suelo. Sólo contaba con un compost que había obtenido casualmente, hecho con un poco de estiércol de sus hijos y deshechos de turba encontrados en los alrededores. Los escasos vecinos que posee Findhorn lo miraban con escepticismo: esas landas nunca han producido otra cosa que espinas.
Peter Caddy, que no había sembrado ni una zanahoria en su vida, sembró berros, tomates, pepinos, espárragos, espinacas y rabanitos. Ninguna de esas hortalizas había sido nunca cultivada en aquella región. Al cabo de algunos meses, mientras la sequía destruía los huertos de las poblaciones circundantes, el huerto de Findhorn resplandecía. Los tomates, los pepinos y los rabanitos no sólo sobrevivieron sino que alcanzaron un tamaño y un sabor inigualable.
De todo esto se deduce que la tierra árida y desolada, pobre en fósforo y en nitratos, es la más propicia para plantar ese tipo de hortalizas.


El auténtico hijo del rey

En otros tiempos, cuando Europa estaba formada por diferentes reinos más o menos grandes, era una práctica frecuente que una pareja real que no podía tener descendencia comprara el hijo recién nacido a unos pobres campesinos para adoptarlo y criarlo según reales preceptos. Esto se solía hacer silenciando a los padres amenazándolos con la pena de muerte, porque nadie debía saber que el sucesor del trono no era legítimo.
El hijo de un minero fue intercambiado intencionalmente por su nodriza porque el rey deseaba tener un hijo rubio y la reina había dado a luz un hijo morocho. La reina y la mujer del minero habían muerto en el parto y el padre del niño rubio estaba tan apenado por la muerte de su mujer que ni siquiera había mirado a su hijo. Así que tan sólo el rey y la nodriza estaban al tanto del intercambio. Para evitar que la nodriza hablara el rey la hizo ejecutar. Los dos niños crecieron recibiendo ambos una buena, aunque naturalmente muy diferente, educación.
Después de más o menos veinticinco años el hijo ilegítimo del rey, que ahora, después de la muerte de su padre, ocupaba el trono, decidió dar una fiesta. A esta fiesta fue invitada también la familia de un farmacéutico de la localidad. El auténtico pero intercambiado hijo del rey trabajaba para esta familia como cochero y sirviente. Como casi pertenecía a la familia se le vistió adecuadamente y se le permitió participar de la fiesta acompañando a los señores. El rey, que había hablado con varias de las damas presentes, acababa de fijarse en una particularmente bella. El auténtico hijo del rey pidió un baile precisamente a esta dama en el mismo momento en que el rey se disponía a hacerlo. El rey se enojó con el cochero por atreverse a querer adelantarse a él, el rey, en la elección de una pareja para el baile. El auténtico hijo del rey reaccionó de acuerdo con su educación, pidiendo disculpas y abandonando la fiesta inmediatamente. Y bajo la luz de la luna descubrió toda la verdad al ver que sus lágrimas eran reales.


La cuerda mágica de tender la ropa

Con la convicción de que crear una sensación de paz y seguridad es tan importante como el apoyo médico para combatir una enfermedad, el Dr. Bernie Siegel del Cornel University Medical College ha sugerido un método de "cura lateral", o, si se quiere, una receta bastante elemental para obtener mayor provecho de nuestra diaria existencia. En su libro Medicine and Miracles (The Macmillan Company, New York, 1995) Siegel aconseja, dos veces a la semana al menos, realizar paso a paso el siguiente ejercicio: "Desde una posición estratégica observe la cuerda de tender la ropa que se halla tensada entre dos postes. Imagine que esta cuerda es su yo inconsciente. Si algo aparece resuelto a perturbar su paz, cuélguelo con los broches de la cuerda para la ropa. Verá con que suavidad la brisa se lo lleva."


Esas búsquedas agotadoras, laboriosas, obstinadas

Según el testimonio de su amiga Charlotte y los datos suministrados por el Dr. Janet, Serge Bisserbe trabajaba en sus obras con horarios rigurosos, llegando incluso a encerrarse durante varios días para concluir un pasaje. A veces trabajaba horas extras para poder estar libre al día siguiente.
"Sangro sobre cada frase", declaró un día al Dr. Janet. Luego de la aparición de Desde Estas Hermosas Playas Bisserbe confesó haber calculado que cada verso de los cuatro largos poemas reunidos bajo ese título le habían costado alrededor de 15 horas de trabajo.
A pesar de eso Bisserbe sólo conoció el éxito cantando acompañándose del piano y, sobre todo, durante las numerosas imitaciones que hacía de actores y personalidades políticas del momento. Entonces el éxito era, sí, enorme y unánime.


La risa de los hombres

Los locos ríen continuamente, al contrario de los demás, que si son reservados lo hacen de tanto en tanto. El que ríe con facilidad es falso, vano, soberbio, voluble, crédulo, de temperamento grosero, servicial y poco reservado. El que raramente ríe y, al hacerlo, lo hace levemente, es porfiado, avaro, prudente, reservado, fiel y amante del trabajo. La boca que al reír se contrae denota un hombre sabio, muy aferrado a sus opiniones, ingenioso, paciente, hábil en su profesión y colérico. Por el contrario la boca que no se contrae al reír denota un hombre de humor variable, envidioso, impaciente y soberbio. El que riendo tuerce la boca o hace muecas es arrogante, embustero y extraordinariamente perezoso. Éste último soy yo.


El meteorito de Okhanski

Lo llamaban "el meteorito de Okhanski", por el nombre del distrito donde se precipitó. Seguido por una estela luminosa y acompañado por una columna sonora de silbidos estridentes y nocturnos truenos celestes, poco faltó para que al caer arrasara consigo el pequeño pueblo de Tabori, en los Urales. De aquel acontecimiento memorioso transcurrieron exactamente cien años, así que los científicos se preparaban para celebrar solemnemente el aniversario. Lástima que, por lo que cuenta el diario de Trud, de Moscú, no encontraron ninguna huella del objeto cósmico.
Se trata de una historia de sexo y gastronomía extrema: los pobladores, con la convicción de que el meteorito tenía virtudes afrodisíacas, se lo habían comido. Y eso que pesaba cuatro toneladas y media. En la época de la caída, por sus dimensiones, era considerado el cuarto meteorito del mundo.
Bautizado "el dragón lanza fuego", de a poco, pedazo a pedazo, el meterito fue desapareciendo, robado por los pobladores locales, y luego triturado y mezclado con las comidas más raras y, por último, ingerido. Quedaba un fragmento de medio kilo en el museo de Ocersk, capital del distrito de Okhanski, pero la Academia Rusa de las Ciencias tuvo que admitir que también había desaparecido. La superstición dice que estas piedras son portadoras de una excepcional potencia viril: el hecho de que lleguen al suelo terrestre es una fácil metáfora de la pasión que estarían en grado de provocar, ya que energía no les falta.
Hay meteoritos de hierro-niquel, de piedra y de carbono. Tres tipos distintos, pero de cualquier forma todos ellos provocan indigestión. Evidentemente, con tal de no pasar papelones en la alcoba los rusos están listos para hacer cualquier cosa. Los pobres rinocerontes saben algo de este tema, ya que a sus cuernos se le atribuyen las análogas milagrosas prerrogativas masculinas que han llevado al saqueo del meteorito de Okhanski.
Cada día la Tierra recibe desde el espacio la visita de cinco mil toneladas de material afrodisíaco.


Los libros de Rasputín

Los libros de Rasputín estaban ajados y subrayados y tenían páginas dobladas, aunque las ediciones fueran de lujo; y Rasputín podía mostrar inmediatamente a sus interlocutores los pasajes o cifras citados durante la conversación. Los libros y los papeles le obedecían como los brazos y las piernas. "Son mis esclavos —solía decir Rasputín— y tienen que servirme como más me plazca".


Los diez centavos

Vladimir Nabokov se juzgaba a sí mismo como un "minusválido social", un "pésimo casseur"; aborrecía las entrevistas, las conferencias, las reuniones mundanas. Una vez la revista Selecciones del Reader's Digest le planteó la siguiente pregunta: "¿Tiene el escritor una responsabilidad social?", y le ofreció 200 dólares por una respuesta de dos mil palabras. Nabokov respondió: "No. Me deben diez centavos".


Puntualidad

Al despedirlo en El Cairo, el general Allenby le dijo al coronel Lawrence que debía estar en Jerusalén, a más tardar, en 21 días.
   "Estaré en 20, general", respondió Lawrence.
Estuvo en 19.


La voluntad hipócrita

La voluntad hipócrita sabe sólo culpar a la mano, que a su vez culpa a la mente, que a su vez culpa al sexo, de modo que la voluntad se enrosca sobre sí misma como una boa, desdichada por querer, mediante el vano recurso de delegar sus funciones en la mano, envenenar y afilar los objetos, mientras podría empujar todo lo que está a su alcance con el ademán despreocupado de las voluntades victoriosas.


El hombre antena

Al estudiar las funciones del cerebelo los fisiólogos descubrieron que de un extremo a otro del cuerpo humano ese órgano controla miles de terminaciones nerviosas específicas que, a modo de microrreceptores, "vibran" sobre una longitud de onda determinada, recogiendo una masa de información que pasa inadvertida a nuestros sentidos habituales y transmitiéndola a la base del cerebro, desde donde se emiten a su vez las reacciones más adecuadas.
Hay una posición de receptividad ideal para aprovechar al máximo ese auténtico sexto sentido. El cuerpo de la antena biológica está formado por la línea cráneo-pubis. Las ramas, que el biólogo Rémy Alexandre llama "las tres V", se forman con los brazos algo apartados del cuerpo y las piernas ligeramente separadas. Esa es la postura que adoptan los radiestesistas cuando desempeñan su labor, ya que saben que si se cierran los brazos y piernas disminuye considerablemente la eficacia de la pose.
Cuando estudie a una persona no dude en detenerse adoptando la posición de "las tres V" sobre ella. Hágala tenderse en el suelo y, parado sobre ella, cierre los ojos e intente dejar la mente en blanco. Algunos segundos son suficientes para captar la textura ondulatoria del sujeto. La sensación de bienestar o malestar que se puede experimentar según los casos, casi nunca resulta errónea. Como es natural, puede ser que no se manifieste nada. Eso puede significar tres cosas: o que la persona analizada es "neutra", que es usted el que no tiene suficiente práctica en hacerlo, o que la persona sobre la que se halla parado está muerta. En cualquier caso hay otras técnicas con las que se pueden obtener resultados análogos.


Un caso de alucinación subjetiva

Cierto Sr. A. había perdido el ojo izquierdo de resultas de una operación a que fue sometido como consecuencia de un glaucoma, y la visión de su ojo derecho era defectuosa a causa de una especie de nube que oscurecía la zona media de su campo visual. Aparte de esto, el Sr. A. era una persona completamente normal.
En abril de 1982, mientras paseaba por un camino campestre, el Sr. A. vio a su izquierda una pared nueva que brillaba iluminada por el sol, y hasta la vio perfectamente, con gran asombro de su parte. Podía distinguir cada una de las piedras y las junturas de argamasa que las enmarcaban, las superficies lisas de los cantos rodados pulidos por la acción del agua y la contextura de las piedras que, a fin de formar caras planas, habían sido quebradas. En particular le llamó la atención la frecuencia con que el constructor había recurrido a las piedras de granito, en las que podía distinguir con toda claridad la hornablenda, el feldespato, la mica y el cuarzo. Se detuvo a pensar que jamás había sido capaz de distinguir tan minuciosamente una pared al pasar junto a ella.
Alrededor de un año más tarde pudo ver, tan claramente como jamás le había sido dado antes, la figura de una mujer que caminaba delante, y tan cerca de él, que debía cuidarse para no pisar su largo vestido. El vestido era de tela roja, con franjas de color blanco (una franja ancha, con dos líneas muy tenues a ambos lados) que se cruzaban entre sí a intervalos frecuentes, como en un tartán. El Sr. A. advirtió que la figura era una alucinación sólo cuando el compañero que paseaba con él le dijo que allí no había nadie. Al cruzar hacia la vereda sombreada de la calle el Sr. A. siguió viendo la figura. Estas alucinaciones parecían ocupar el campo visual de su ojo izquierdo, que era el que había perdido.
Partiendo de la base que las alucinaciones son representaciones de ideas, es natural preguntar qué idea está detrás de las producciones escénicas del Sr. A. Lo primero que llama la atención es que sus visiones eran fortuitas y carentes de significado o finalidad. Parecen haber tenido como objetivo principal la representación de aspectos y colores vívidos. Posiblemente algún aspecto de la personalidad del Sr. A. trataba de completar o compensar las deficiencias de su visión normal.


El laboratorio poético del profesor Martinesi

El Profesor Martinesi, titular de la cátedra de Literatura Española en la Universidad Nacional del Comahue, ha dado a conocer recientemente el resultado de sus investigaciones referidas al campo, por él creado, de la poesía-laboratorio. En relación al "Romance de Fontefrida", Martinesi afirma que es óptimo para la prevención del embarazo. Como anticonceptivo oral, el bajo contenido de versos relativos al amor venéreo permite una excelente tolerabilidad y un buen control del deseo sexual, unido a una elevada seguridad anticonceptiva. Si se administra según la posología indicada, el "Romance de Fontefrida" elimina la secresión de andróginas 4; por consiguiente inhibe el hirsutismo. Además modifica las características psíquicas del sujeto, obstaculizando la libido. Según el Profesor Martinesi el "Romance de Fontefrida" provoca relax fisiológico, semejante por intensidad y duración a la insensibilidad metabólica cotidiana y empieza generalmente dos o tres minutos después de la lectura del último verso: "¡que no quiero ser tu amiga ni casar contigo, no!".
El Profesor Martinesi ha adelantado también el rumbo de sus investigaciones actuales: "A una nariz grande" de Quevedo, soneto contra el resfriado; "¡Qué descansada vida!" de Fray Luis de León, especialidad lírica que funcionaría como principio activo contra sindromes depresivos, ansiedad y astenia; "Si al mecer" de Gustavo Adolfo Bequer, cuyas sustancias activas serían un analgésico antiinflamatorio y antipirético de acción blanda, caracterizado por versos expresados en asonancias y ritmos ondulantes. Pero las contraindicaciones de estos tres últimos poemas no han sido aún probadas del todo.


La inteligencia de los electricistas

Se podría esperar de los electricistas una buena serie de pruebas de aprendizaje que nos permitieran registrar las etapas de la evolución de la inteligencia, y la velocidad del aprendizaje —propiedad tan admirada en los niños— podría parecer a simple vista una medida útil al respecto. Los electricistas italianos y los marroquíes, por ejemplo, muestran una velocidad muy parecida cuando aprenden por primera vez a recorrer un laberinto medianamente complejo. Simon Gellerman (Form discrimination in chimpanzees and electricians, Willey, Londres, 1986) describe en detalle unos experimentos en los que dos chimpancés y dos electricistas (uno alemán; el otro australiano) aprendían que la recompensa de comida estaba asociada con un triángulo blanco sobre un cuadrado negro y no con un cuadrado todo negro. Uno de ellos (el alemán) aprendió en sólo dos ensayos, pero el otro necesitó más de 200, y los dos chimpancés, antes de satisfacer el criterio de 19 ensayos correctos de un total de 20, más de 800.
En una practica similar la mayor parte de los electricistas árabes aprendían en 20-60 ensayos, aunque hay que admitir que normalmente eran castigados con rigor mahometano a cada respuesta equivocada y recompensados, mahometanamente también (esto es con dátiles) a cada respuesta correcta.
Las discrepancias de este tipo abundan por doquier, tanto dentro de una misma nacionalidad como entre nacionalidades distintas, y carecemos hasta el momento de una evidencia confiable acerca del hecho de que la velocidad del aprendizaje inicial para problemas asociativos elementales varíe, inclusive, entre los oficiales electricistas y entre los ingenieros, a quienes, en general, se los considera (hasta lo que se ha podido comprobar, erróneamente) más inteligentes que a los electricistas comunes y corrientes que invariablemente pululan en todas las ciudades del globo.


Nueva York

No está mal. De todos modos, el que conoce una docena de ciudades del mundo no se cae de espaldas enseguida.


Muerte de un poeta

El abogado K., de la ciudad de H., dejó unos cuatro o cinco libros publicados y se suicidó hace algunos años. "De mi muerte, que no se culpe a nadie", empezaba diciendo su carta de despedida. Y continuaba: "Soñé con ser un verdadero poeta. Convencido de que nunca lo lograré, pongo voluntariamente fin a mis días."
Estas lineas de adiós representan la poesía más grande y conmovedora, digna del mayor aplauso, y, sobre todo, digna de ser imitada por muchos contemporáneos.


Justicia y equidad

Un hombre, A, acompañado de su amante, B, que se dispone a entrar en auto a un hotel alojamiento, choca de frente con otro auto, que está saliendo del mismo hotel alojamiento, ocupado por su propia mujer, A’, y su amante B’, que no es otro que el marido de B. Los ocupantes se bajan, discuten caballerosamente sobre el accidente, hasta que descubren el molesto equívoco. B', entonces, propone una solución: olvidar el accidente e irse cada uno a sus casas llevándose a sus respectivas mujeres. A piensa un poco y dice: "Me parece la solución más justa, pero no la más equitativa, porque yo estaba entrando al hotel y usted estaba saliendo".


Interpretación del Holocausto

Sólo el sacerdote-superviviente Alexander Neumann está capacitado para desentrañar el misterio del Holocausto. Pero Neumann reconoce que el misterio del Holocausto es incomunicable. Por lo tanto, a cambio de una tarifa de 25.000 dólares (más una limusina con chofer) Neumann da conferencias en las que desvela que el secreto de la verdad de Auschwitz radica en el silencio. "Las palabras —dice Neumann— son una aproximación horizontal, en tanto que el silencio nos ofrece una aproximación vertical. Te sumerges en él".
Por esta razón es que Neumann se lanza en paracaídas sobre sus conferencias.


Y sin embargo vuela

Cuando Estados Unidos inició sus programas espaciales alguien mandó decorar las oficinas de cada uno de los ingenieros implicados en el programa con pósters que mostraban un abejorro superdimensionado. Según las leyes de la física el abejorro no puede volar porque tiene las alas demasiado pequeñas en relación al tamaño y peso del cuerpo. El póster llevaba escrito debajo de la foto del insecto el siguiente texto:

Si vuela es gracias a que no sabe leer


Decoración de los graneros

Los norteamericanos gastan más dinero en sus cocinas y en sus baños que en cualquier otra de las habitaciones de la casa. Los baños de los hindues tienen un simple recipiente en el suelo que usan para lavar sus partes íntimas. Los graneros, en cambio, son magníficos. Eso indica algo acerca del valor que los hindues dan a algunas cosas.
En el palacio del lago de Udaipur, actualmente un hotel, había dos de los graneros decorados más suntuosamente. Las paredes estaban cubiertas de pinturas de hermosas vacas sagradas de figuras vaporosas y diminutas blusas que cubrían una parte de las ubres, largas polleras y velos transparentes en la cabeza, a la moda de Rajastán. Un macizo espejo en un marco decorado aparecía sobre el lecho para reflejar la actividad amorosa.
El otro granero tenía ventanas encristaladas de diversos colores que daban al lago, igualmente colorido. Aquellos colores se reflejaban en la paja, en el suelo y en el techo.


Botánica funeraria

Las especies vegetales son elementos de mediación entre los vivos y los muertos. Están presentes especialmente en dos situaciones, que podríamos denominar dinámica y estática. En la primera las hallamos en el paso del difunto al mundo de los antepasados; en la segunda permanecen en los alrededores del lugar del entierro para ser visitados en un rendez-vous colectivo cierto día del año, según las regiones. Las ofrendas florales en el entierro están plenamente vigentes en casi todas las culturas, tanto si son flores frescas como si son secas. Una vez depositado el difunto en el cementerio la presencia vegetal continúa presente de forma perenne en el jardín funerario y en la decoración de los sepulcros; esta presencia forma parte de un programa simbólico, quedando el difunto insertado en un medio vegetal que, inevitablemente, si no es gracias a los cuidados que le prodiga el jardinero, se pudre.


Los trabajos del Doctor Ashoff

En los años 70 un médico alemán, el Dr. Ashoff, fue uno de los primeros miembros del cuerpo médico que tomó en consideración la importancia del acto de colocar las pantuflas bajo la cama al irse a dormir, y, por consiguiente, su derivado más directo, el acto de volver a tomarlas a la mañana, al levantarse. En estos actos en apariencia insignificantes encontró una relación con el inicio y la evolución de ciertas enfermedades.
De sus trabajos dedujo que cerca de un tercio de los pacientes que trataba debían sus molestias a problemas de nocividades vibratorias debidas a la posición que debían adoptar para poner las pantuflas bajo la cama antes de entregarse al dulce sueño. En el otro tercio de los casos esta posición influía negativamente sobre una patología preexistente. El último tercio de los sujetos observados no presentaban relación con ningún fenómeno geobiológico por la sencilla razón que no usaban pantuflas.
Semejante estadística merece una reflexión y debería incitar a la medicina oficial a tener más en cuenta los incidentes geopatógenos en sus terapias.


Powered by Blogger